http://www1.hcdn.gov.ar/dependencias/dip/documentos/dg.109.05.00-1.pdf
Más sobre la labor del compañero, médico y ministro de salud Ramón Carrillo.
MEGAFÓN
jueves, 9 de enero de 2014
ENCUENTRO 2
PARTE 1: BLOQUE HISTÓRICO. EL PERONISMO COMO PUNTO DE INFLEXIÓN EN LA HISTORIA DE LA EDUCACIÓN ARGENTINA
Breve historia de la educación argentina
La educación es una práctica social compleja, eminentemente política en sus fines. Se desarrolla en el marco de condiciones de producción tales como procesos de reproducción y transformación de relaciones sociales y otras luchas políticas. Estas condiciones de producción son internas y no externas al proceso educativo; son producto y productoras de los sujetos que las mismas condiciones de producción reclaman. La educación, entonces, es una práctica productora, reproductora y transformadora de sujetos. A su vez, la educación como práctica productora de sujetos a partir del vínculo con otros sujetos es una mediación, a fin de construir un sujeto pedagógico. Esta mediación no se produce de modo lineal, pues en ella prexiste un enfrentamiento de estrategias para la constitución de un habitus.
En Argentina y el resto de América Latina, según conceptualiza Puiggrós, el modelo educativo dominante fue el SIPCE: SISTEMA DE INSTRUCCIÓN PÚBLICA CENTRALIZADO ESTATAL, que comienza a consolidarse a partir de los años 1880. En pocas palabras, se caracterizó por la hegemonía del Estado y la subsidiariedad privada, por el laicismo o catolicismos subordinados a la lógica estatal y por ser excluyente de los sectores populares. Asimismo, presentaba una estructura vertical, centralizada, no participativa, escolarizante y ritualizada. Estas particularidades son heredadas de aquellas “escenas fundantes” producidas en el choque de culturas entre América y Europa.
En el caso argentino, los españoles para colonizar nuestras tierras utilizaban la lectura del requerimiento, de un texto específico por el cual en el acto mismo de ser leído las tierras eran apropiadas. En este acto performativo el “conquistador” convocaba a todos del mismo modo, borrando las individualidades de los pueblos y unificándolos en la carencia, en la fe y la razón faltante. A su vez, se sometía al cumplimiento de la palabra del Rey y de Dios, amenazando con una muerte merecida a quién faltara su palabra. Sobre esta escena, se constituyen los pilares para un sistema educativo que piensa al “otro” desde el silencio y la carencia: se trata de un vínculo traumático que inaugura una escena pedagógica.
Las experiencias pedagógicas centradas en Dios, en el periodo colonial pasan a repensarse en torno al Rey. Existía un conglomerado de prácticas que podría ser entendido como un protosistema, donde confluían escuelas de primeras letras, de oficios, de dibujo, de agricultura (proyecto de Belgrano). Esto fue así hasta la conformación de los Estados Nación y sus respectivos aparatos ideológicos, donde el Estado le gana a la Iglesia el monopolio por la educación y se erigen los sistemas educativos nacionales.
En Argentina, las ideas de tres hombres pueden sintetizar una estructura educativa. En el caso de la educación primaria las riendas fueron tomadas por Sarmiento y sus escuelas comunes, cuyo trayecto educativo posterior acababa con la formación de docentes en las escuelas normales. En el caso de la escuela media, junto a los Normales, Mitre crea los colegios nacionales para la conformación de una oligarquía nacional unificada a lo largo del país, que sea capaz de tomar las riendas de la política. Estos brindaban una educación enciclopedista y humanista moderna, que se conectaba directamente con la Universidad. En cuanto a la educación superior, es el pensamiento de Avellaneda el que se plasma en una normativa que durará años, hasta que el peronismo hace su revolución.
En este esquema, hubo alternativas pedagógicas que si bien no llegaron a constituirse como hegemónicas pujaron por obtener un lugar reconocido; experiencias que van desde el nacionalismo corporativista escolar –un ejemplo de esto es la Reforma Fresco-Noble del 36- hasta las escuelas nuevas pensadas en función de las cualidades de los niños –la escuela de las hermanas Cossetini-. Estas prácticas fueron articuladas por el Peronismo, irrumpiendo en la escena un nuevo modelo educativo inclusivo, capaz de resignificar sus estructuras y ensancharlas a fin de que entre el pueblo en su rol de educador y educando.
El peronismo organiza el campo educativo, invierte la jerarquía cultural y constituye al obrero como sujeto pedagógico. En este entonces, Perón contó con la Iglesia para dar cuenta de los primeros cambios en el área. La Iglesia apoyó la candidatura de Perón a cambio de la sanción de la ley de enseñanza religiosa y de lugares destacados de sus intelectuales en la Universidad; medidas que con la posterior ruptura cambian bruscamente sumándose a otras decisiones del Gobierno como la ley de profilaxis, la equiparación de hijos legítimos e ilegítimos, etc. El peronismo fundamenta su doctrina en el nacionalismo católico sosteniendo que la enseñanza religiosa era coherente con la formación del niño de la Nueva Nación. En este sentido se retrocede con las ideas del normalismo argentino y la neutralidad religiosa (mal llamada laicismo) garantizada por la ley 1420; La libertad de enseñanza, reclamo histórico de la Iglesia Católica, gana terreno. Pese a que la Iglesia logra conquistar un lugar importante, el Estado continúa con un rol principal y Docente dado que es en el peronismo donde la educación pública alcanza su mayor expansión, lo que es aprovechado para impartir contenido doctrinario. El currículum implícito se vuelve explícito: los saberes oficiales son aquellos provenientes del pueblo.
El peronismo denuncia el discurso hegemónico de la oligarquía y constituye al obrero como sujeto pedagógico. Se produce una democratización en cuanto al acceso y permanencia del hijo del trabajador en la escuela, creándose un circuito de educación técnica CNAOP-UON, que amplía la oferta posibilitando la incorporación obrera a la estructura superior universitaria. Este sistema tuvo un alto nivel de autonomía respecto del tradicional. Arizaga, ministro encargado de la reforma, en los planes de cultura nacional de la época, al respecto de la escuela tradicional y la importancia de los nuevos cambios, decía: “En un país de naturaleza agraria, la escuela funciona en un mundo ajeno a la rica geografía. Forma en optimismo niños del tipo ciudadano urbano, desconectados con los ambientes campesinos y la tierra. Nace el menosprecio por el oficio y crece el deseo de abandono de los paisajes natales para abrirse horizontes en ciudades extranjerizantes y disolventes. Esto sucede con un maestro teórico y verbalista y un alumno cuya hipertrofia intelectual contrasta con la inopia de su capacitación para el trabajo. La escuela dio hasta hoy una forma de instrucción y de ejercitación teórica, alejada de un interés formativo y de una finalidad humanista. La escuela no se propuso alcanzar un objetivo individual y social: la incitación, el descubrimiento y orientación de las disposiciones y tendencias para asegurar a la comunidad individuos aptos para los múltiples requerimientos económicos y sociales. (…) El Gobierno ha incluido las actividades prácticas y manuales, dando jerarquía a las manos y a sus técnicas, en procura de una conciencia nacional que haga de cada joven un hombre hábil, seguro de sus fuerza físicas y espirituales, que conciba la vida como cumplimiento del serás lo que debas ser, al esfuerzo de devolverle a la comunidad enriquecida por el esfuerzo personal y el sentido de la solidaridad humana.”
La Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación Profesional (CNAOP), dependiente de la Secretaria de Trabajo y Previsión Social, articulaba distintos cursos para aquellos niños aprendices u obreros a fin de que pudieran completar sus estudios a la vez que trabajaban formalmente. La Universidad Obrera Nacional completa este circuito, formando obreros vinculados con los intereses de la Industria Nacional. El mundo de la educación se abrió al del trabajo y viceversa. Sumado a esto, es el peronismo quien toma la decisión de suprimir los aranceles universitarios.
A su vez, el circuito oficial educativo fue complementado por la cultura política del peronismo: la tradición oral propia de los actos multitudinarios en Plaza de Mayo, la radio, el accionar barrial de las unidades básicas, las escuelas sindicales, el refranero popular, etc. El gran educador del periodo era el Conductor y su palabra, configurándose una relación Estado-Partidaria que privilegiaba la formación política de cuadros dirigentes.
Con la Revolución Fusiladora, estas conquistas educativas comienzan a retraerse, abriéndose una etapa que llega a su punto máximo de fragmentación y desarticulación del sistema educativo en los 90. Las dictaduras cívico militares le abrieron la puerta a la especulación financiera y el neoliberalismo llegó para quedarse bajo el lema de un discurso único donde este se constituía inevitable.
Entre las medidas a destacar se puede mencionar las políticas de transferencias de las instituciones primarias de mano del Estado Nación a las Provincias (comenzó en el 62, para completarse con la LFE en los 90); la habilitación de universidades privadas para expedir títulos a partir del 58; la universidad cientificista o autoproclamada por los reformistas “Época de Oro”, basada en la alianza entre la fusiladora y el reformismo, con José Luis Romero a la Cabeza. A partir de los 60, se buscaba producir conocimiento para modernizar, con fuerte espíritu desarrollista, dotando a la educación en todos sus niveles de preceptos económicos, con fuerte sesgo excluyente.
Se inicia entonces un proceso de vaciamiento de todo lo público donde la educación por su tradición histórica tuvo mucho que ceder. La descentralización de las funciones gubernamentales implicó la desresponsabilización por parte del Estado de la justicia social y la soberanía popular. Dichas funciones se recentralizaron bajo distintos mecanismos de control y acreditación, que culpabilizaban a quienes quedaban fuera de un sistema educativo altamente competitivo. La educación fue concebida como un producto más en el mercado, que debía estar al servicio de las necesidades de modernización y productividad del capitalismo. Proceso que comienza a revertirse en el 2003, con la llegada de Néstor Kirchner al gobierno, quien volvió a reposicionar la soberanía política por sobre las decisiones económicas.
Anexo 1: LA GESTION DE CARRILLO
Al hablar del modelo sanitario de salud, y con ello de la formulación de políticas sanitarias en el territorio nacional, lo podemos dividir sin duda alguna en un antes y después de Ramón Carrillo, el primer y el más grande de todos los ministro de salud de la nación, Primer ministro Peronista de Salud, un verdadero héroe civil, al servicio de la causa del pueblo y justicialista.
El panorama general, antes de la asunción como ministro de Salud del primer gobierno justicialista, era en líneas generales lamentable. El país contaba con 70.000 camas de hospital, para atender a la totalidad de la población, cuando lo “ideal” debería ser de 10 a 13 camas cada 1000 habitantes (1 al 3 por mil) teniendo en cuenta entonces la totalidad de la población de 14 millones en el 45 , la situación ideal sería un mínimo de 160.000 camas, osea que existe un déficit de mas de la mitad de plazas de internación disponibles en la totalidad de los hospitales y centros de salud de la nación sean estos tanto de carácter publico como privado, nacionales, provinciales. Por citar algunos ejemplos, en la capital el promedio era de 9 camas, en Buenos aires era de 4.66, para el territorio nacional de misiones 0.88, mientras que para la provincia de los Andes, (actuales provincias de Jujuy, Salta y Catamarca) las camas de hospital disponibles era del 0 por mil habitantes!!!! Y en el resto de las gobernaciones no se llegaba a cubrir el 50 porciento!!! muy lejos de los que se considera un piso mínimo de plazas disponibles de internación para cubrir con “normalidad” y en general para el total del país apenas superaba el 40 por ciento, estando las mismas desigualmente distribuidas, sin un patrón lógico. Y sin mencionar el “paramo” en cuestión de salud en las zonas rurales, donde directamente los pobladores acudían a un curandero con la esperanza de curarse, o buscar en el mejor de los casos algún alivio a su padecimiento. Y esto solo referido a plazas de internación, si le sumamos el equipamiento médico, los insumos necesarios, y los medicamentos, el panorama es más sombrío aun. Y esto solo hablando de la capacidad para hacer frente a los pacientes agudos, que requieren internación, ni hablar de otras enfermedades crónicas, como la tuberculosis, o la asistencia a la ancianidad, o centros maternos infantiles, ni hablar de consultorios externos, a los el plan de salud instaurado les dedica especial atención.
La medicina siguiendo el paradigma del siglo 18 todavía, era vista como una actividad prácticamente, y casi exclusivamente del ámbito “privado” (al que accedían las clases pudientes de la sociedad) en donde el estado no intervenía, por lo que estaba totalmente vedado el panorama de desarrollar alguna potencialidad, y con ello un salto cualitativo y superador de la penosa situación que se vivía. Sumado a esto, el hecho de que la existencia de las llamadas “sociedades de beneficencia” herederas del sistema hospitalario del siglo XIX, el cual contemplaba, que la función del mismo era la asistencia a los pobres que no podían costear el médico privado, siendo a su vez, un lugar de exclusión social. Estas “sociedades” de este modo emergían para ocupar, el rol protagónico que un estado con una verdadera conciencia social sanitaria nacional impediría, pero al estar el mismo ausente, dejando el espacio vacío, posibilita que operen las mismas en función de la “caridad” y no en función Social. Dando de esta manera la salud en caridad como si fuera un regalo y no un derecho como corresponde!! Tarea, la cual cumplían en iguales condiciones de ineficiencia, echando mas leña al fuego al atomizar el espectro asistencial, contribuyendo de esta forma la desorganización general del primitivo sistema sanitario, al funcionar como unidades aisladas, sin la injerencia del estado, donde cada una resolvía los problemas planteados a su manera, en vez de como debería ser, siendo el estado nacional el que tome el timón de mando, y que a su vez ejecute las políticas necesarias para conducir cada uno de los centros de salud con una política planificada y unificada, para que todos los problemas se resolvieran de la misma y mas eficiente manera. Con respecto a esto afirmaba Carrillo: “Lo filantrópico, lo caritativo, si bien es noble y loable, de ninguna manera debe constituir la base de sustentación de una organización sanitaria de la nación. Por otra parte, dicha organización, debe exigir un conjunto de normas legales específicas que afiancen, respalden y hagan progresar indefinidamente el sistema de salud”
En este punto hay que aclarar, una cuestión nodal, que es que en nuestro país, hasta la irrupción del Peronismo nunca existió un plan de salud pública nacional. Previo al 43, solo existía el denominado “Departamento nacional de higiene” dependiente del ministerio del interior, el cual era un órgano practicante burocrático, sin poder de planificación, y carente del presupuesto necesario para funcionar con una mínima normalidad. De hecho lo que esta dependencia podía brindar en su funcionamiento hacia la sociedad, era simplemente esperar que una epidemia determinada asolara alguna región del país, para que luego se movilizara su escaso personal y recursos cuando ya era demasiado tarde, cuando el daño mayor en vidas de compatriotas ya estaba hecho, sumado a la nula capacidad de previsión, planificación en respuesta, y lo mas importante, prevención que podría evitar estas muertes innecesarias y sus secuelas tanto humanas como económicas. Reflejo del lugar que ocupaba a principios de siglo la formulación de políticas sanitarias y ejecución de las mismas por parte del Estado, un estado puesto al servicio de las clases dominantes, en función del modelo anglo-exportador de materias primas. De hecho la constitución vigente en aquel entonces, la de 1853, carece absolutamente de contenido en materia de salud, solo amparado en el preámbulo de promover el “bienestar general”, ósea que toda la política sanitaria del país, desde el 1853 al 1946 giro en torno a esta “regulación”. Para colmo, otra dependencia del estado acaparaba mas presupuesto y atención, que era la llamada Direccion nacional de sanidad animal y vegetal que dependía del ministerio de Hacienda, por lo que en consecuencia, el estado privilegiaba la erradicación de los parasitos de las vacas, en detrimento de erradicar las enfermedades endémicas que azotaban al pueblo, como el paludismo (malaria) del norte argentino, o la polio.
Por lo que se podría concluir a simple vista que el déficit en materia sanitaria, era tanto cuantitativo (referido al numero de hospitales) como cualitativo (referido al planeamiento de políticas publicas sanitarias, como asi también a su ejecuccion en el territorio nacional).
De ramón carrillo como hombre sin dudas algunas lo primero que se puede decir es que era negro, un negro del interior profundo, con todo lo que eso implica, del interior heroico que gesto las gestas de las montoneras federales, que combatían contra los designios de los cipayos de turno de la ciudad-puerto. Nacido en Santiago del estero, siendo el mayor de 11 hermanos, ya desde chico, destaco por su inteligencia rindiendo en carácter de libre los últimos dos años del colegio secundario, que le permitieron ingresar en la facultad de medicina de buenos aires con solo 17 años, siendo el único alumno con esa edad en la facultad, además ya sentía afición por la historia, al publicar durante sus estudios secundarios una monografía dedicada al caudillo federal santiagueño Felipie Ibarra, lo que es sin dudas destacable, en una época donde el revisionismo historico todavía no estaba en auge, lo que demuestra que sin lugar a dudas ya empezaba a formarse en su mentalidad, una apreciación muy aguda de las luchas históricas del interior Federal y una incipiente conciencia nacional, que años mas tarde lo llevaría a entablar amistad con varios Forjistas, en las postrimetrias del 17 de octubre. Y también escribió un texto dedicado llamados “glosa a los humildes” donde se centra en la protección de la ancianidad, formulando en la misma la petición de una ley que ampare a los mayores, indicando su compromiso ya desde chico con la cuestión social. En esta etapa pre- universitaria, adquiere mediante el contacto con los trabajadores y humildes del interior la noción de que somos un país colonizado, sometido a los intereses de fuerzas foráneas que llevan al atraso y olvido a gran parte de la masa humana de la población.
En cuanto los logros académicos de Carrillo durante su intensa actividad académica como investigador, una vez recibido de neurocirujano, habiendo publicado una decena de trabajos de investigación, algunos adelantadísimos para la época (como la yodo-ventriculografía de la fosa posterior, que le mereció felicitaciones desde todo el arco neurológico del mundo) y a costa de no querer explayarnos enumerando cada uno de los trabajos, creo que es merecido aclarar un punto extremadamente sobresaliente. El mismo, es el que siendo el un catedrático y académico, que luego de pasar 3 años en el viejo contiente, (gracias a una beca otrogada en base a sus excelentes calificaciones durante su paso por la facultad), formado en Holanda, España, Francia y Alemania, trabajando con Vogt, y con del Rio Ortega, por esos años las eminencias en el estudio del sistema nervioso, y habiendo ya presentado numerosos trabajos científicos, retorna al país, como un general que vuelve de una heroica y exitosa campaña, ya con las palmas y laureles ganados en base a esfuerzo, trabajo y dedicación, y una sobresaliente voluntad, ya habiendo logrado el respeto y consideración de sus pares de catedra, pudiendo en consecuencia, con conformarse con seguir una carrera académica ya como rector interino de la facultad de medicina, y a cargo de la cátedra de neurocirugía como jefe, decide, abandonar los “honores”, y dedicarse por completo a servir a la causa del pueblo, poniéndose al servicio, en su función ejecutiva, a la Medicina Social. En un camino muy pocas veces visto, entre la “intelectualidad colonizada”.
Esto es sin lugar a dudas una de las decisiones más transcendentales que pudo haber tomado un hombre que siendo un descollante “intelectual”, toma la determinación de ponerse al servicio de la causa Justicialista, en cuya doctrina nacional, la justicia social, establece que el Estado Argentino, en la Argentina de Perón, tiene el deber de brindar a TODO el pueblo un acceso Gratuito a la Salud.
Lo cual lleva implícito el deber y la obligación de comenzar a crear una infraestructura medico- asistencial, que abarque todo el territorio nacional, con el fin de combatir la desigualdad, y desterrar el dolor generado por la miseria de la injusticia social, en los compatriotas que sufren de enfermedades, a causa de la pobreza y desigualdad imperante, con su consecuente atraso en todos los ámbitos de la vida, heredado de la nefasta década infame.
En 1939, Carrillo es designado como Jefe de Neurocirugia del hospital militar central, allí tiene acceso a miles de legajos-historias clínicas, de los millares de jóvenes que eran evaluados en cada unidad militar para su incorporación al servicio militar obligatorio de aquel entonces, material de indudable valor, con el que realiza un estudio estadístico-medico, que le permite confirmar su impresión personal, en cuanto a la situación de atraso de las provincias mas postergadas del interior profundo, ya que muchos de los jóvenes destinados al servicio eran rechazados al padecer enfermedades crónicas estrechamente relacionadas con la pobreza, como tuberculosis, uncinariosis, o poliomielitis, con sus terribles secuelas motrices, que los incapacitaba para formar parte del servicio activo. Sin duda esto calo hondo, y en base a su nacionalismo popular, al cual adhirió en esta época de acercamiento a Homero Manzione (manzi) militante de FORJA, que lo ha llevado a comprender la realidad de manera empírica, al observar que éramos, un país semi-colonizado.
La gloriosa e histórica jornada del 17 de octubre del 45, lo encuentra a Ramón en su puesto en el hospital Militar Central, hacia allí es conducido el por entonces Coronel Juan Perón desde la isla Martín García en calidad de detenido, a causa de una supuesta neumonía, con la que convence a los médicos militares, en el mismo momento Peron se entrevista con Carrillo en los pasillos del piso donde estaba “internado”, durante el dialogo que mantienen, el Coronel le manifiesta su idea de formar un Ministerio de Salud de la Nacion, diciéndole… “No puede ser que en el país haya un ministerio dedicado a las vacas, (en referencia al ministerio de hacienda) y no uno dedicado a atender la salud del pueblo…” Sin dudas estas palabras causaron en el una gran impresión, teniendo en cuenta el sentimiento social con el que veía a la medicina en conjunto. Carrillo acepta el ofrecimiento, formándose a partir de entonces un vínculo muy estrecho entre ambos, donde Perón le brinda todo su apoyo y confianza, dando inicio a una revolución sanitaria nunca vista entonces en el país, la cual pone al servicio del conjunto de la clase trabajadora, y los más necesitados, que asimismo representan el sector mayoritario de la sociedad, el acceso igualitario y gratuito a la salud en primer lugar, haciendo nada mas y nada menos justicia social en el ámbito de la salud, siendo el estado argentino el garante y ejecutor de las políticas en materia de sanitaria, y el único con la capacidad, organización y empuje necesario para llevarlas a cabo, dando inicio a lo que Floreal Ferrara, denomino (discípulo del mismo Ramón y posteriormente dos veces ministro de salud de la provincia de buenos aires), una revolución de la capacidad instalada en materia de Salud Pública.
De esta manera de inmediato se pone en marcha la misión con la redacción de un plan Analítico de Salud publica, que al año en el 47 plasma en 4 tomos, de 4000 paginas, delimitando la implementación de regiones, zonas y subzonas sanitarias en el país, de acuerdo a sus características geográficas, económicas y sociales. No es casual que la primer dirección general de sanidad creada es la del norte, donde la situación era sin dudas la mas dramática, además es consciente que para el éxito de la empresa que se avecina, necesita recursos humanos tanto en numero como en calidad, con los que poder ocupar todos los niveles de la futura administración, por lo que comienza capacitado, abre en la facultad de medicina la especialidad de medico sanitariasta, teniendo en poco tiempo los primeros médicos sanitaritas del país, que ingresan a trabajar bajo su ala para el estado nacional. Lo que sin dudas es un cambio en el paradigma de formación de los medicos, al prestar atención a lo que el denomina el tercer escalón, el de la medicina social. Ademas de capacitar médicos, capacita todo el personal necesario, desde, bioestadisticos, agentes sanitarios, administradores hospitalarios, etc. Crea un Fondo nacional de Salud y asistencia Social, con el fin de proveer de fondos a las nuevas instituciones previstas en el plan.
A consecuencia de esto se dictan dos leyes en el 47, la 13012 y la 13019, la primera regula la actividad sanitaria en todo el territorio nacional, ya que la constitución como se dijo no contemplaba el problema de la salud explícitamente, siendo esta ley la base del codigo sanitario, dando el marco regulatorio a toda la actividad medica. La otra ley, establece los lineamientos del plan de acción por parte del gobierno peronista, establece que se cumplan como prioridad inmediata la construcción de hospitales para que se llege al minimo de plazas de internacion necesarias, y la creación de institutos destinados a la investigación, y la formación de los técnicos necesarios. Además crea un organismo, centralizado encargado de la construcción de los hospitales, llamado Consejo nacional de Construcciones Sanitarias con fondos propios, para la ejecución de las obras neceserarias en el menor tiempo posible.
Esta codigo, Establece una Organización del sistema de salud publica, y del futuro ministerio, diviendolo en tres estamentos,
Medicina asistencial: es la medicina “tradicional” abocada a la atención del hombre aislado, afecto por algún agente que lesiona y desestabiliza su medio interno. Por lo tanto es una medicina individual, donde los intervinientes es el binomio medico-paciente. Siendo la forma mas comúnmente conocida, pero incompleta para actuar en gran escala en el ámbito de la comunidad.
Medicina sanitaria: defiende grupos o núcleos colectivos, paciente-medico- estado. En el marco de una comunidad organizada.
Medicina social: toma la colectividad en su conjunto, ósea la sociedad. Siendo el componente mas dinámico, y el que desarrolla la medicina preventiva. Paciente-medico-estado-COMUNIDAD. Para esto la comunidad toma en su conjunto conciencia de la importancia que adquieren para la misma el conjunto de la población, como miembros de un proyecto común, poniendo al hombre en valor social y la necesidad en consecuencia de brindarle protección mutua. Esta es la medicina preventiva, en la cual el estado toma la posta, mediante el brazo ejecutor de los agentes sanitarios en las campañas de PREVENCION, actuando en el seno mismo de la sociedad, no solo dentro del hospital, sino en el medio social, en las esculas, fabricas, en la calle, en todo ámbito donde se desarrolla la actividad social. No se agota simplemente en buscar la enfermedad, o sus causas, sino en prevenirlas, antes que ocurran, y también buscando los factores desencadenantes mas allá de lo biológico, como los problemas de la vivienda, la alimentación, el acceso a la educación, la indumentaria, el ámbito de trabajo, etc.
Durante la primer gestión de gobierno, se amplio la infraestructura de manera exponencial:
Se construyeron en total, 230 hospitales de internación, llamados ciudades - hospitales, en complemento con los ya existentes en las provincias, de modo que sus funciones no se superpongan en perjuicio mutuo.
50 institutos de salud especializados en patologías puntuales y de mayor prevalencia.
60 centros materno infantiles.
23 laboratorios y centro de diagnostico.
3000 salas de primeros auxilios (APS)
Se inaugura un instituto de medicina preventiva.
2 fabricas de alta tecnología sanitaria, que producen entre otros aparatos, pulmotores para paliar los casos de poliomielitis aguda, los cuales serian luego destruidos en plena epidemia de polio por la “revolución fusiladora” por el solo hecho de llevar el escudo peronista grabado.
Una verdadera revolución sanitaria de la capacidad instalada, pasando de 66.300 camas en el 46. 114.600 en el 51. 134.000 camas en el 54. La mortalidad infantil disminuyo considerablemente, y la esperanza de vida en una década de 61.7 años al 66.5.
Se realizaron en los primeros 5 años mas de 177 conferencias, sobre medicina preventiva.
A su vez se brinda una importancia central, en sintonía con los cambios en materia laboral del Justicialismo a la medicina laboral, creando institutos de rehabilitación, servicios medicos en fabricas, y laboratorios de investigación de enfermedades profesionales, junto con programas de prevención en las fabricas y talleres.
Pero quizás lo mas trascendente, fue la creación, ampliación de los consultorios externos en los centros de salud, con el fin de brindar atención ambulatoria inmediata, ampliando la capacidad, de asistencia, y de paso previniendo el progreso de una enfermedad hacia la internacion.
Ya en el 46 uno de los primeros conflictos que debió afrontar el gobierno peronista fue el de una campaña de encarecimiento de los precios de los medicamentos, en manos de laboratorios multinacionales extranjeros. A la que el gobierno responde con habilidad mediante la creación del EMESTA (Especialidades medicas del Estado), un complejo farmacéutico industrial nacional, con el fin de poner freno al abuso de los precios, produciendo medicamentos baratos al alcance del pueblo, y de calidad, incluso la calidad de sus bio-derivados superaba a la de los laboratorios extranjeros. Esto constituye sin lugar a dudas un claro ejemplo, de como por parte de un gobierno de carácter eminentemente nacional, el cual decidido en no dejarse avasallar, con la decisión firme de ejercer su soberanía en materia de medicamentos. Nacionalizando de esta manera el acceso a los medicamentos, opone al poder de las multinacionales el poder del estado. Todo esto trajo aparejado un escándalo en los sectores cipayos que como voceros del capital internacional, clamaban por la “libertad de empresa”.
Iniciando el primer gobierno peronista, se desarrolla una mejora sustancial de la salud de la población, incluyendo todas las edades, pero esta mejora, no puede de ninguna manera atribuirse en la concepción de salud, a la mera ampliación del sistema medico asistencial, abarca otros aspectos, entiendo la concepción de salud como, un conjunto no solo biológico, sino también los aspectos económicos y sociales del conjunto de la población, siendo en este sentido los cambios en materia laboral del peronismo, con la creación de nuevas fuentes de trabajo, con salarios más altos, una tasa mínima de desempleo, mayor educación, vianda digna para todos, sin dudas contribuye muchísimo mas a bajar los índices de morbi-mortalidad en la población general. Como ejemplo, el mismo carrillo cita que en el Norte se observo un descenso de la mortalidad infantil, a la que no sabían a que atribuir, al principio los equipos de salud pensaron que se debía a el uso de DDT contra los mosquitos, en la campaña antipalúdica, pero haciendo un análisis mas exhaustivo llegaron a la conclusión, el la mejora del indicie de mortalidad se debió a que el obrero rural ganaba mas que antes, y que los niños en consecuencia se alimentaban mejor, tenían ropa y calzado y andaban mejor. Un claro ejemplo de la política social en complementariedad con la política sanitaria, como el afirmaba “Los problemas de la medicina, como rama del Estado, no podrán ser resueltos, si la política sanitaria no esta respaldada por una política social y laboral. Del mismo modo que no puede existir una política social sin una economía organizada en beneficio de la mayoría, tampoco puede existir una medicina destinada a la protección de la colectividad sin una política social bien sistematizada para evitar el hambre, el pauperismo y la desocupación… el movimiento político-social, predominante en nuestro país, tiende a una revalorización del hombre, como ser social y moral, por eso ah creado nuevas fuentes de trabajo, o a contribuido a crearlas, y ah impuesto una legislación protectora del obrero y sus condiciones de vida”.
Pero uno de sus mayores logros en el combate contra las enfermedades infecciosas fue sin dudas la campaña contra el Paludismo, uno de los mayores emprendimientos sanitarios realizados en el mundo hasta entonces, el resultado alcanzado fue espectacular: pasando de una incidencia de 300 mil casos nuevos por año en 1946 a sólo 137!!! en 1950, al punto que las salas de primeros auxilios dejaron de contar con antipaludicos dentro de su arsenal. Por lo que el norte del país, se daclara prácticamente libre de Paludismo antes de finalizar el primer año de gobierno justicialista!! La uncionarosis se erradico en misiones, y el tracoma en las provincias centrales, por esos años verdaderas áreas endémicas. También se inició una campaña de prevención de la Sífilis que disminuyo la tasa de enfermedades venéreas del 58 al 25 por mil y por su parte la tuberculosis, enfermedad íntimamente asociada a la pobreza, el hacinamiento, y la falta de educación, a causa de las mejoras sociales del gobierno justicialista y medidas concretas como la política habitacional, que redujo el antiguo hacinamiento de la población de las áreas urbanas en conventillos, lo que sin dudas redujo la tasa de infectados por tuberculosis.
El final de Ramón, como el otros grandes hombres comprometidos con la causa del pueblo, fue sombría, a causa de una grave enfermedad, renuncia al ministerio, e inicia un viaje por tratamiento, la revolución fusiladora lo encuentra lejos de su patria, imposibilitado de volver, y nefastamente se le abre una causa judicial, por “robo de combustible”, al gran soldado de la causa del pueblo, que contribuyo a salvar miles de vidas. Consigue trabajo como médico en Belén do para, Brasil, donde vive los últimos años de su vida, falleciendo en condiciones difíciles el 29 de diciembre de 1956 a los cincuenta años de edad. Sus restos no pudieron regresar a la patria hasta 1973, del mismo modo que le sucedió a tantos mártires de la causa del pueblo.
Breve historia de la educación argentina
La educación es una práctica social compleja, eminentemente política en sus fines. Se desarrolla en el marco de condiciones de producción tales como procesos de reproducción y transformación de relaciones sociales y otras luchas políticas. Estas condiciones de producción son internas y no externas al proceso educativo; son producto y productoras de los sujetos que las mismas condiciones de producción reclaman. La educación, entonces, es una práctica productora, reproductora y transformadora de sujetos. A su vez, la educación como práctica productora de sujetos a partir del vínculo con otros sujetos es una mediación, a fin de construir un sujeto pedagógico. Esta mediación no se produce de modo lineal, pues en ella prexiste un enfrentamiento de estrategias para la constitución de un habitus.
En Argentina y el resto de América Latina, según conceptualiza Puiggrós, el modelo educativo dominante fue el SIPCE: SISTEMA DE INSTRUCCIÓN PÚBLICA CENTRALIZADO ESTATAL, que comienza a consolidarse a partir de los años 1880. En pocas palabras, se caracterizó por la hegemonía del Estado y la subsidiariedad privada, por el laicismo o catolicismos subordinados a la lógica estatal y por ser excluyente de los sectores populares. Asimismo, presentaba una estructura vertical, centralizada, no participativa, escolarizante y ritualizada. Estas particularidades son heredadas de aquellas “escenas fundantes” producidas en el choque de culturas entre América y Europa.
En el caso argentino, los españoles para colonizar nuestras tierras utilizaban la lectura del requerimiento, de un texto específico por el cual en el acto mismo de ser leído las tierras eran apropiadas. En este acto performativo el “conquistador” convocaba a todos del mismo modo, borrando las individualidades de los pueblos y unificándolos en la carencia, en la fe y la razón faltante. A su vez, se sometía al cumplimiento de la palabra del Rey y de Dios, amenazando con una muerte merecida a quién faltara su palabra. Sobre esta escena, se constituyen los pilares para un sistema educativo que piensa al “otro” desde el silencio y la carencia: se trata de un vínculo traumático que inaugura una escena pedagógica.
Las experiencias pedagógicas centradas en Dios, en el periodo colonial pasan a repensarse en torno al Rey. Existía un conglomerado de prácticas que podría ser entendido como un protosistema, donde confluían escuelas de primeras letras, de oficios, de dibujo, de agricultura (proyecto de Belgrano). Esto fue así hasta la conformación de los Estados Nación y sus respectivos aparatos ideológicos, donde el Estado le gana a la Iglesia el monopolio por la educación y se erigen los sistemas educativos nacionales.
En Argentina, las ideas de tres hombres pueden sintetizar una estructura educativa. En el caso de la educación primaria las riendas fueron tomadas por Sarmiento y sus escuelas comunes, cuyo trayecto educativo posterior acababa con la formación de docentes en las escuelas normales. En el caso de la escuela media, junto a los Normales, Mitre crea los colegios nacionales para la conformación de una oligarquía nacional unificada a lo largo del país, que sea capaz de tomar las riendas de la política. Estos brindaban una educación enciclopedista y humanista moderna, que se conectaba directamente con la Universidad. En cuanto a la educación superior, es el pensamiento de Avellaneda el que se plasma en una normativa que durará años, hasta que el peronismo hace su revolución.
En este esquema, hubo alternativas pedagógicas que si bien no llegaron a constituirse como hegemónicas pujaron por obtener un lugar reconocido; experiencias que van desde el nacionalismo corporativista escolar –un ejemplo de esto es la Reforma Fresco-Noble del 36- hasta las escuelas nuevas pensadas en función de las cualidades de los niños –la escuela de las hermanas Cossetini-. Estas prácticas fueron articuladas por el Peronismo, irrumpiendo en la escena un nuevo modelo educativo inclusivo, capaz de resignificar sus estructuras y ensancharlas a fin de que entre el pueblo en su rol de educador y educando.
El peronismo organiza el campo educativo, invierte la jerarquía cultural y constituye al obrero como sujeto pedagógico. En este entonces, Perón contó con la Iglesia para dar cuenta de los primeros cambios en el área. La Iglesia apoyó la candidatura de Perón a cambio de la sanción de la ley de enseñanza religiosa y de lugares destacados de sus intelectuales en la Universidad; medidas que con la posterior ruptura cambian bruscamente sumándose a otras decisiones del Gobierno como la ley de profilaxis, la equiparación de hijos legítimos e ilegítimos, etc. El peronismo fundamenta su doctrina en el nacionalismo católico sosteniendo que la enseñanza religiosa era coherente con la formación del niño de la Nueva Nación. En este sentido se retrocede con las ideas del normalismo argentino y la neutralidad religiosa (mal llamada laicismo) garantizada por la ley 1420; La libertad de enseñanza, reclamo histórico de la Iglesia Católica, gana terreno. Pese a que la Iglesia logra conquistar un lugar importante, el Estado continúa con un rol principal y Docente dado que es en el peronismo donde la educación pública alcanza su mayor expansión, lo que es aprovechado para impartir contenido doctrinario. El currículum implícito se vuelve explícito: los saberes oficiales son aquellos provenientes del pueblo.
El peronismo denuncia el discurso hegemónico de la oligarquía y constituye al obrero como sujeto pedagógico. Se produce una democratización en cuanto al acceso y permanencia del hijo del trabajador en la escuela, creándose un circuito de educación técnica CNAOP-UON, que amplía la oferta posibilitando la incorporación obrera a la estructura superior universitaria. Este sistema tuvo un alto nivel de autonomía respecto del tradicional. Arizaga, ministro encargado de la reforma, en los planes de cultura nacional de la época, al respecto de la escuela tradicional y la importancia de los nuevos cambios, decía: “En un país de naturaleza agraria, la escuela funciona en un mundo ajeno a la rica geografía. Forma en optimismo niños del tipo ciudadano urbano, desconectados con los ambientes campesinos y la tierra. Nace el menosprecio por el oficio y crece el deseo de abandono de los paisajes natales para abrirse horizontes en ciudades extranjerizantes y disolventes. Esto sucede con un maestro teórico y verbalista y un alumno cuya hipertrofia intelectual contrasta con la inopia de su capacitación para el trabajo. La escuela dio hasta hoy una forma de instrucción y de ejercitación teórica, alejada de un interés formativo y de una finalidad humanista. La escuela no se propuso alcanzar un objetivo individual y social: la incitación, el descubrimiento y orientación de las disposiciones y tendencias para asegurar a la comunidad individuos aptos para los múltiples requerimientos económicos y sociales. (…) El Gobierno ha incluido las actividades prácticas y manuales, dando jerarquía a las manos y a sus técnicas, en procura de una conciencia nacional que haga de cada joven un hombre hábil, seguro de sus fuerza físicas y espirituales, que conciba la vida como cumplimiento del serás lo que debas ser, al esfuerzo de devolverle a la comunidad enriquecida por el esfuerzo personal y el sentido de la solidaridad humana.”
La Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación Profesional (CNAOP), dependiente de la Secretaria de Trabajo y Previsión Social, articulaba distintos cursos para aquellos niños aprendices u obreros a fin de que pudieran completar sus estudios a la vez que trabajaban formalmente. La Universidad Obrera Nacional completa este circuito, formando obreros vinculados con los intereses de la Industria Nacional. El mundo de la educación se abrió al del trabajo y viceversa. Sumado a esto, es el peronismo quien toma la decisión de suprimir los aranceles universitarios.
A su vez, el circuito oficial educativo fue complementado por la cultura política del peronismo: la tradición oral propia de los actos multitudinarios en Plaza de Mayo, la radio, el accionar barrial de las unidades básicas, las escuelas sindicales, el refranero popular, etc. El gran educador del periodo era el Conductor y su palabra, configurándose una relación Estado-Partidaria que privilegiaba la formación política de cuadros dirigentes.
Con la Revolución Fusiladora, estas conquistas educativas comienzan a retraerse, abriéndose una etapa que llega a su punto máximo de fragmentación y desarticulación del sistema educativo en los 90. Las dictaduras cívico militares le abrieron la puerta a la especulación financiera y el neoliberalismo llegó para quedarse bajo el lema de un discurso único donde este se constituía inevitable.
Entre las medidas a destacar se puede mencionar las políticas de transferencias de las instituciones primarias de mano del Estado Nación a las Provincias (comenzó en el 62, para completarse con la LFE en los 90); la habilitación de universidades privadas para expedir títulos a partir del 58; la universidad cientificista o autoproclamada por los reformistas “Época de Oro”, basada en la alianza entre la fusiladora y el reformismo, con José Luis Romero a la Cabeza. A partir de los 60, se buscaba producir conocimiento para modernizar, con fuerte espíritu desarrollista, dotando a la educación en todos sus niveles de preceptos económicos, con fuerte sesgo excluyente.
Se inicia entonces un proceso de vaciamiento de todo lo público donde la educación por su tradición histórica tuvo mucho que ceder. La descentralización de las funciones gubernamentales implicó la desresponsabilización por parte del Estado de la justicia social y la soberanía popular. Dichas funciones se recentralizaron bajo distintos mecanismos de control y acreditación, que culpabilizaban a quienes quedaban fuera de un sistema educativo altamente competitivo. La educación fue concebida como un producto más en el mercado, que debía estar al servicio de las necesidades de modernización y productividad del capitalismo. Proceso que comienza a revertirse en el 2003, con la llegada de Néstor Kirchner al gobierno, quien volvió a reposicionar la soberanía política por sobre las decisiones económicas.
Anexo 1: LA GESTION DE CARRILLO
Al hablar del modelo sanitario de salud, y con ello de la formulación de políticas sanitarias en el territorio nacional, lo podemos dividir sin duda alguna en un antes y después de Ramón Carrillo, el primer y el más grande de todos los ministro de salud de la nación, Primer ministro Peronista de Salud, un verdadero héroe civil, al servicio de la causa del pueblo y justicialista.
El panorama general, antes de la asunción como ministro de Salud del primer gobierno justicialista, era en líneas generales lamentable. El país contaba con 70.000 camas de hospital, para atender a la totalidad de la población, cuando lo “ideal” debería ser de 10 a 13 camas cada 1000 habitantes (1 al 3 por mil) teniendo en cuenta entonces la totalidad de la población de 14 millones en el 45 , la situación ideal sería un mínimo de 160.000 camas, osea que existe un déficit de mas de la mitad de plazas de internación disponibles en la totalidad de los hospitales y centros de salud de la nación sean estos tanto de carácter publico como privado, nacionales, provinciales. Por citar algunos ejemplos, en la capital el promedio era de 9 camas, en Buenos aires era de 4.66, para el territorio nacional de misiones 0.88, mientras que para la provincia de los Andes, (actuales provincias de Jujuy, Salta y Catamarca) las camas de hospital disponibles era del 0 por mil habitantes!!!! Y en el resto de las gobernaciones no se llegaba a cubrir el 50 porciento!!! muy lejos de los que se considera un piso mínimo de plazas disponibles de internación para cubrir con “normalidad” y en general para el total del país apenas superaba el 40 por ciento, estando las mismas desigualmente distribuidas, sin un patrón lógico. Y sin mencionar el “paramo” en cuestión de salud en las zonas rurales, donde directamente los pobladores acudían a un curandero con la esperanza de curarse, o buscar en el mejor de los casos algún alivio a su padecimiento. Y esto solo referido a plazas de internación, si le sumamos el equipamiento médico, los insumos necesarios, y los medicamentos, el panorama es más sombrío aun. Y esto solo hablando de la capacidad para hacer frente a los pacientes agudos, que requieren internación, ni hablar de otras enfermedades crónicas, como la tuberculosis, o la asistencia a la ancianidad, o centros maternos infantiles, ni hablar de consultorios externos, a los el plan de salud instaurado les dedica especial atención.
La medicina siguiendo el paradigma del siglo 18 todavía, era vista como una actividad prácticamente, y casi exclusivamente del ámbito “privado” (al que accedían las clases pudientes de la sociedad) en donde el estado no intervenía, por lo que estaba totalmente vedado el panorama de desarrollar alguna potencialidad, y con ello un salto cualitativo y superador de la penosa situación que se vivía. Sumado a esto, el hecho de que la existencia de las llamadas “sociedades de beneficencia” herederas del sistema hospitalario del siglo XIX, el cual contemplaba, que la función del mismo era la asistencia a los pobres que no podían costear el médico privado, siendo a su vez, un lugar de exclusión social. Estas “sociedades” de este modo emergían para ocupar, el rol protagónico que un estado con una verdadera conciencia social sanitaria nacional impediría, pero al estar el mismo ausente, dejando el espacio vacío, posibilita que operen las mismas en función de la “caridad” y no en función Social. Dando de esta manera la salud en caridad como si fuera un regalo y no un derecho como corresponde!! Tarea, la cual cumplían en iguales condiciones de ineficiencia, echando mas leña al fuego al atomizar el espectro asistencial, contribuyendo de esta forma la desorganización general del primitivo sistema sanitario, al funcionar como unidades aisladas, sin la injerencia del estado, donde cada una resolvía los problemas planteados a su manera, en vez de como debería ser, siendo el estado nacional el que tome el timón de mando, y que a su vez ejecute las políticas necesarias para conducir cada uno de los centros de salud con una política planificada y unificada, para que todos los problemas se resolvieran de la misma y mas eficiente manera. Con respecto a esto afirmaba Carrillo: “Lo filantrópico, lo caritativo, si bien es noble y loable, de ninguna manera debe constituir la base de sustentación de una organización sanitaria de la nación. Por otra parte, dicha organización, debe exigir un conjunto de normas legales específicas que afiancen, respalden y hagan progresar indefinidamente el sistema de salud”
En este punto hay que aclarar, una cuestión nodal, que es que en nuestro país, hasta la irrupción del Peronismo nunca existió un plan de salud pública nacional. Previo al 43, solo existía el denominado “Departamento nacional de higiene” dependiente del ministerio del interior, el cual era un órgano practicante burocrático, sin poder de planificación, y carente del presupuesto necesario para funcionar con una mínima normalidad. De hecho lo que esta dependencia podía brindar en su funcionamiento hacia la sociedad, era simplemente esperar que una epidemia determinada asolara alguna región del país, para que luego se movilizara su escaso personal y recursos cuando ya era demasiado tarde, cuando el daño mayor en vidas de compatriotas ya estaba hecho, sumado a la nula capacidad de previsión, planificación en respuesta, y lo mas importante, prevención que podría evitar estas muertes innecesarias y sus secuelas tanto humanas como económicas. Reflejo del lugar que ocupaba a principios de siglo la formulación de políticas sanitarias y ejecución de las mismas por parte del Estado, un estado puesto al servicio de las clases dominantes, en función del modelo anglo-exportador de materias primas. De hecho la constitución vigente en aquel entonces, la de 1853, carece absolutamente de contenido en materia de salud, solo amparado en el preámbulo de promover el “bienestar general”, ósea que toda la política sanitaria del país, desde el 1853 al 1946 giro en torno a esta “regulación”. Para colmo, otra dependencia del estado acaparaba mas presupuesto y atención, que era la llamada Direccion nacional de sanidad animal y vegetal que dependía del ministerio de Hacienda, por lo que en consecuencia, el estado privilegiaba la erradicación de los parasitos de las vacas, en detrimento de erradicar las enfermedades endémicas que azotaban al pueblo, como el paludismo (malaria) del norte argentino, o la polio.
Por lo que se podría concluir a simple vista que el déficit en materia sanitaria, era tanto cuantitativo (referido al numero de hospitales) como cualitativo (referido al planeamiento de políticas publicas sanitarias, como asi también a su ejecuccion en el territorio nacional).
De ramón carrillo como hombre sin dudas algunas lo primero que se puede decir es que era negro, un negro del interior profundo, con todo lo que eso implica, del interior heroico que gesto las gestas de las montoneras federales, que combatían contra los designios de los cipayos de turno de la ciudad-puerto. Nacido en Santiago del estero, siendo el mayor de 11 hermanos, ya desde chico, destaco por su inteligencia rindiendo en carácter de libre los últimos dos años del colegio secundario, que le permitieron ingresar en la facultad de medicina de buenos aires con solo 17 años, siendo el único alumno con esa edad en la facultad, además ya sentía afición por la historia, al publicar durante sus estudios secundarios una monografía dedicada al caudillo federal santiagueño Felipie Ibarra, lo que es sin dudas destacable, en una época donde el revisionismo historico todavía no estaba en auge, lo que demuestra que sin lugar a dudas ya empezaba a formarse en su mentalidad, una apreciación muy aguda de las luchas históricas del interior Federal y una incipiente conciencia nacional, que años mas tarde lo llevaría a entablar amistad con varios Forjistas, en las postrimetrias del 17 de octubre. Y también escribió un texto dedicado llamados “glosa a los humildes” donde se centra en la protección de la ancianidad, formulando en la misma la petición de una ley que ampare a los mayores, indicando su compromiso ya desde chico con la cuestión social. En esta etapa pre- universitaria, adquiere mediante el contacto con los trabajadores y humildes del interior la noción de que somos un país colonizado, sometido a los intereses de fuerzas foráneas que llevan al atraso y olvido a gran parte de la masa humana de la población.
En cuanto los logros académicos de Carrillo durante su intensa actividad académica como investigador, una vez recibido de neurocirujano, habiendo publicado una decena de trabajos de investigación, algunos adelantadísimos para la época (como la yodo-ventriculografía de la fosa posterior, que le mereció felicitaciones desde todo el arco neurológico del mundo) y a costa de no querer explayarnos enumerando cada uno de los trabajos, creo que es merecido aclarar un punto extremadamente sobresaliente. El mismo, es el que siendo el un catedrático y académico, que luego de pasar 3 años en el viejo contiente, (gracias a una beca otrogada en base a sus excelentes calificaciones durante su paso por la facultad), formado en Holanda, España, Francia y Alemania, trabajando con Vogt, y con del Rio Ortega, por esos años las eminencias en el estudio del sistema nervioso, y habiendo ya presentado numerosos trabajos científicos, retorna al país, como un general que vuelve de una heroica y exitosa campaña, ya con las palmas y laureles ganados en base a esfuerzo, trabajo y dedicación, y una sobresaliente voluntad, ya habiendo logrado el respeto y consideración de sus pares de catedra, pudiendo en consecuencia, con conformarse con seguir una carrera académica ya como rector interino de la facultad de medicina, y a cargo de la cátedra de neurocirugía como jefe, decide, abandonar los “honores”, y dedicarse por completo a servir a la causa del pueblo, poniéndose al servicio, en su función ejecutiva, a la Medicina Social. En un camino muy pocas veces visto, entre la “intelectualidad colonizada”.
Esto es sin lugar a dudas una de las decisiones más transcendentales que pudo haber tomado un hombre que siendo un descollante “intelectual”, toma la determinación de ponerse al servicio de la causa Justicialista, en cuya doctrina nacional, la justicia social, establece que el Estado Argentino, en la Argentina de Perón, tiene el deber de brindar a TODO el pueblo un acceso Gratuito a la Salud.
Lo cual lleva implícito el deber y la obligación de comenzar a crear una infraestructura medico- asistencial, que abarque todo el territorio nacional, con el fin de combatir la desigualdad, y desterrar el dolor generado por la miseria de la injusticia social, en los compatriotas que sufren de enfermedades, a causa de la pobreza y desigualdad imperante, con su consecuente atraso en todos los ámbitos de la vida, heredado de la nefasta década infame.
En 1939, Carrillo es designado como Jefe de Neurocirugia del hospital militar central, allí tiene acceso a miles de legajos-historias clínicas, de los millares de jóvenes que eran evaluados en cada unidad militar para su incorporación al servicio militar obligatorio de aquel entonces, material de indudable valor, con el que realiza un estudio estadístico-medico, que le permite confirmar su impresión personal, en cuanto a la situación de atraso de las provincias mas postergadas del interior profundo, ya que muchos de los jóvenes destinados al servicio eran rechazados al padecer enfermedades crónicas estrechamente relacionadas con la pobreza, como tuberculosis, uncinariosis, o poliomielitis, con sus terribles secuelas motrices, que los incapacitaba para formar parte del servicio activo. Sin duda esto calo hondo, y en base a su nacionalismo popular, al cual adhirió en esta época de acercamiento a Homero Manzione (manzi) militante de FORJA, que lo ha llevado a comprender la realidad de manera empírica, al observar que éramos, un país semi-colonizado.
La gloriosa e histórica jornada del 17 de octubre del 45, lo encuentra a Ramón en su puesto en el hospital Militar Central, hacia allí es conducido el por entonces Coronel Juan Perón desde la isla Martín García en calidad de detenido, a causa de una supuesta neumonía, con la que convence a los médicos militares, en el mismo momento Peron se entrevista con Carrillo en los pasillos del piso donde estaba “internado”, durante el dialogo que mantienen, el Coronel le manifiesta su idea de formar un Ministerio de Salud de la Nacion, diciéndole… “No puede ser que en el país haya un ministerio dedicado a las vacas, (en referencia al ministerio de hacienda) y no uno dedicado a atender la salud del pueblo…” Sin dudas estas palabras causaron en el una gran impresión, teniendo en cuenta el sentimiento social con el que veía a la medicina en conjunto. Carrillo acepta el ofrecimiento, formándose a partir de entonces un vínculo muy estrecho entre ambos, donde Perón le brinda todo su apoyo y confianza, dando inicio a una revolución sanitaria nunca vista entonces en el país, la cual pone al servicio del conjunto de la clase trabajadora, y los más necesitados, que asimismo representan el sector mayoritario de la sociedad, el acceso igualitario y gratuito a la salud en primer lugar, haciendo nada mas y nada menos justicia social en el ámbito de la salud, siendo el estado argentino el garante y ejecutor de las políticas en materia de sanitaria, y el único con la capacidad, organización y empuje necesario para llevarlas a cabo, dando inicio a lo que Floreal Ferrara, denomino (discípulo del mismo Ramón y posteriormente dos veces ministro de salud de la provincia de buenos aires), una revolución de la capacidad instalada en materia de Salud Pública.
De esta manera de inmediato se pone en marcha la misión con la redacción de un plan Analítico de Salud publica, que al año en el 47 plasma en 4 tomos, de 4000 paginas, delimitando la implementación de regiones, zonas y subzonas sanitarias en el país, de acuerdo a sus características geográficas, económicas y sociales. No es casual que la primer dirección general de sanidad creada es la del norte, donde la situación era sin dudas la mas dramática, además es consciente que para el éxito de la empresa que se avecina, necesita recursos humanos tanto en numero como en calidad, con los que poder ocupar todos los niveles de la futura administración, por lo que comienza capacitado, abre en la facultad de medicina la especialidad de medico sanitariasta, teniendo en poco tiempo los primeros médicos sanitaritas del país, que ingresan a trabajar bajo su ala para el estado nacional. Lo que sin dudas es un cambio en el paradigma de formación de los medicos, al prestar atención a lo que el denomina el tercer escalón, el de la medicina social. Ademas de capacitar médicos, capacita todo el personal necesario, desde, bioestadisticos, agentes sanitarios, administradores hospitalarios, etc. Crea un Fondo nacional de Salud y asistencia Social, con el fin de proveer de fondos a las nuevas instituciones previstas en el plan.
A consecuencia de esto se dictan dos leyes en el 47, la 13012 y la 13019, la primera regula la actividad sanitaria en todo el territorio nacional, ya que la constitución como se dijo no contemplaba el problema de la salud explícitamente, siendo esta ley la base del codigo sanitario, dando el marco regulatorio a toda la actividad medica. La otra ley, establece los lineamientos del plan de acción por parte del gobierno peronista, establece que se cumplan como prioridad inmediata la construcción de hospitales para que se llege al minimo de plazas de internacion necesarias, y la creación de institutos destinados a la investigación, y la formación de los técnicos necesarios. Además crea un organismo, centralizado encargado de la construcción de los hospitales, llamado Consejo nacional de Construcciones Sanitarias con fondos propios, para la ejecución de las obras neceserarias en el menor tiempo posible.
Esta codigo, Establece una Organización del sistema de salud publica, y del futuro ministerio, diviendolo en tres estamentos,
Medicina asistencial: es la medicina “tradicional” abocada a la atención del hombre aislado, afecto por algún agente que lesiona y desestabiliza su medio interno. Por lo tanto es una medicina individual, donde los intervinientes es el binomio medico-paciente. Siendo la forma mas comúnmente conocida, pero incompleta para actuar en gran escala en el ámbito de la comunidad.
Medicina sanitaria: defiende grupos o núcleos colectivos, paciente-medico- estado. En el marco de una comunidad organizada.
Medicina social: toma la colectividad en su conjunto, ósea la sociedad. Siendo el componente mas dinámico, y el que desarrolla la medicina preventiva. Paciente-medico-estado-COMUNIDAD. Para esto la comunidad toma en su conjunto conciencia de la importancia que adquieren para la misma el conjunto de la población, como miembros de un proyecto común, poniendo al hombre en valor social y la necesidad en consecuencia de brindarle protección mutua. Esta es la medicina preventiva, en la cual el estado toma la posta, mediante el brazo ejecutor de los agentes sanitarios en las campañas de PREVENCION, actuando en el seno mismo de la sociedad, no solo dentro del hospital, sino en el medio social, en las esculas, fabricas, en la calle, en todo ámbito donde se desarrolla la actividad social. No se agota simplemente en buscar la enfermedad, o sus causas, sino en prevenirlas, antes que ocurran, y también buscando los factores desencadenantes mas allá de lo biológico, como los problemas de la vivienda, la alimentación, el acceso a la educación, la indumentaria, el ámbito de trabajo, etc.
Durante la primer gestión de gobierno, se amplio la infraestructura de manera exponencial:
Se construyeron en total, 230 hospitales de internación, llamados ciudades - hospitales, en complemento con los ya existentes en las provincias, de modo que sus funciones no se superpongan en perjuicio mutuo.
50 institutos de salud especializados en patologías puntuales y de mayor prevalencia.
60 centros materno infantiles.
23 laboratorios y centro de diagnostico.
3000 salas de primeros auxilios (APS)
Se inaugura un instituto de medicina preventiva.
2 fabricas de alta tecnología sanitaria, que producen entre otros aparatos, pulmotores para paliar los casos de poliomielitis aguda, los cuales serian luego destruidos en plena epidemia de polio por la “revolución fusiladora” por el solo hecho de llevar el escudo peronista grabado.
Una verdadera revolución sanitaria de la capacidad instalada, pasando de 66.300 camas en el 46. 114.600 en el 51. 134.000 camas en el 54. La mortalidad infantil disminuyo considerablemente, y la esperanza de vida en una década de 61.7 años al 66.5.
Se realizaron en los primeros 5 años mas de 177 conferencias, sobre medicina preventiva.
A su vez se brinda una importancia central, en sintonía con los cambios en materia laboral del Justicialismo a la medicina laboral, creando institutos de rehabilitación, servicios medicos en fabricas, y laboratorios de investigación de enfermedades profesionales, junto con programas de prevención en las fabricas y talleres.
Pero quizás lo mas trascendente, fue la creación, ampliación de los consultorios externos en los centros de salud, con el fin de brindar atención ambulatoria inmediata, ampliando la capacidad, de asistencia, y de paso previniendo el progreso de una enfermedad hacia la internacion.
Ya en el 46 uno de los primeros conflictos que debió afrontar el gobierno peronista fue el de una campaña de encarecimiento de los precios de los medicamentos, en manos de laboratorios multinacionales extranjeros. A la que el gobierno responde con habilidad mediante la creación del EMESTA (Especialidades medicas del Estado), un complejo farmacéutico industrial nacional, con el fin de poner freno al abuso de los precios, produciendo medicamentos baratos al alcance del pueblo, y de calidad, incluso la calidad de sus bio-derivados superaba a la de los laboratorios extranjeros. Esto constituye sin lugar a dudas un claro ejemplo, de como por parte de un gobierno de carácter eminentemente nacional, el cual decidido en no dejarse avasallar, con la decisión firme de ejercer su soberanía en materia de medicamentos. Nacionalizando de esta manera el acceso a los medicamentos, opone al poder de las multinacionales el poder del estado. Todo esto trajo aparejado un escándalo en los sectores cipayos que como voceros del capital internacional, clamaban por la “libertad de empresa”.
Iniciando el primer gobierno peronista, se desarrolla una mejora sustancial de la salud de la población, incluyendo todas las edades, pero esta mejora, no puede de ninguna manera atribuirse en la concepción de salud, a la mera ampliación del sistema medico asistencial, abarca otros aspectos, entiendo la concepción de salud como, un conjunto no solo biológico, sino también los aspectos económicos y sociales del conjunto de la población, siendo en este sentido los cambios en materia laboral del peronismo, con la creación de nuevas fuentes de trabajo, con salarios más altos, una tasa mínima de desempleo, mayor educación, vianda digna para todos, sin dudas contribuye muchísimo mas a bajar los índices de morbi-mortalidad en la población general. Como ejemplo, el mismo carrillo cita que en el Norte se observo un descenso de la mortalidad infantil, a la que no sabían a que atribuir, al principio los equipos de salud pensaron que se debía a el uso de DDT contra los mosquitos, en la campaña antipalúdica, pero haciendo un análisis mas exhaustivo llegaron a la conclusión, el la mejora del indicie de mortalidad se debió a que el obrero rural ganaba mas que antes, y que los niños en consecuencia se alimentaban mejor, tenían ropa y calzado y andaban mejor. Un claro ejemplo de la política social en complementariedad con la política sanitaria, como el afirmaba “Los problemas de la medicina, como rama del Estado, no podrán ser resueltos, si la política sanitaria no esta respaldada por una política social y laboral. Del mismo modo que no puede existir una política social sin una economía organizada en beneficio de la mayoría, tampoco puede existir una medicina destinada a la protección de la colectividad sin una política social bien sistematizada para evitar el hambre, el pauperismo y la desocupación… el movimiento político-social, predominante en nuestro país, tiende a una revalorización del hombre, como ser social y moral, por eso ah creado nuevas fuentes de trabajo, o a contribuido a crearlas, y ah impuesto una legislación protectora del obrero y sus condiciones de vida”.
Pero uno de sus mayores logros en el combate contra las enfermedades infecciosas fue sin dudas la campaña contra el Paludismo, uno de los mayores emprendimientos sanitarios realizados en el mundo hasta entonces, el resultado alcanzado fue espectacular: pasando de una incidencia de 300 mil casos nuevos por año en 1946 a sólo 137!!! en 1950, al punto que las salas de primeros auxilios dejaron de contar con antipaludicos dentro de su arsenal. Por lo que el norte del país, se daclara prácticamente libre de Paludismo antes de finalizar el primer año de gobierno justicialista!! La uncionarosis se erradico en misiones, y el tracoma en las provincias centrales, por esos años verdaderas áreas endémicas. También se inició una campaña de prevención de la Sífilis que disminuyo la tasa de enfermedades venéreas del 58 al 25 por mil y por su parte la tuberculosis, enfermedad íntimamente asociada a la pobreza, el hacinamiento, y la falta de educación, a causa de las mejoras sociales del gobierno justicialista y medidas concretas como la política habitacional, que redujo el antiguo hacinamiento de la población de las áreas urbanas en conventillos, lo que sin dudas redujo la tasa de infectados por tuberculosis.
El final de Ramón, como el otros grandes hombres comprometidos con la causa del pueblo, fue sombría, a causa de una grave enfermedad, renuncia al ministerio, e inicia un viaje por tratamiento, la revolución fusiladora lo encuentra lejos de su patria, imposibilitado de volver, y nefastamente se le abre una causa judicial, por “robo de combustible”, al gran soldado de la causa del pueblo, que contribuyo a salvar miles de vidas. Consigue trabajo como médico en Belén do para, Brasil, donde vive los últimos años de su vida, falleciendo en condiciones difíciles el 29 de diciembre de 1956 a los cincuenta años de edad. Sus restos no pudieron regresar a la patria hasta 1973, del mismo modo que le sucedió a tantos mártires de la causa del pueblo.
lunes, 23 de diciembre de 2013
ENCUENTRO 1: HISTORIA E IDENTIDAD POLITICA DEL FRENTE UNIVERSITARIO MEGAFÓN
Miércoles 18/12/2013 19:30 hs.
PRIMERA PARTE: BANDERAS DEL PERONISMO
Soberanía política
(Maria Jose Viola; Sudestada N°13)
Pretendemos desde este artículo reflexionar sobre la soberanía política, bandera fundamental del ideario doctrinario, planteado con clarividencia estratégica por Perón. Ahondar en el significado de las banderas implica para nosotros redefinir el horizonte, que no es otro que el de la revolución nacional y social, hoy todavía inconclusa. Reflexionar sobre ellas no constituye un acto de necrofilia sino m{as bien de profunda actualidad, en tanto son expresión y síntesis de los desafíos que debemos enfrentar si queremos ver un “pueblo feliz y una patria grande”.
El concepto de Soberanía política se fundamenta antológicamente en una realidad cultural previa que es la Nación. Esta aparece como una comunidad de hombres unidos por una misma cultura, es decir por una misma cosmovisión, que a su vez se manifiesta en instituciones y costumbres comunes. La cultura confiere a la Nación su propia identidad, su propio estilo y modo de ser y por sobre todo una soberanía fundamental, es decir, capacidad de autodeterminación. Ahora bien, la Nación, que no es otra cosa que el pueblo (recordemos que Evita en Historia del Peronismo planteará que la masa se convierte en pueblo cuando adquiere “personalidad, organización y conciencia social”), tiende a realizarse políticamente a través del estado, cuya finalidad consiste en la prosecución del bien común entendido como el entramado de las condiciones de vida social, que facilitan al pueblo el logro más pleno de la propia perfección. Desde esta concepción el depositario último de la soberanía es el pueblo, quien la ejerce verdaderamente cuando todas sus partes constitutivas manifiestan plena conciencia de su destino y derechos, siendo rol del estado la tarea de unificar y hacer converger la pluralidad de intereses hacia el bien común.
La Soberanía del pueblo se expresa así en dos planos hacia el exterior, en las relaciones internacionales como soberanía nacional y hacia el interior como fuente y origen del estado nacional, siendo la participación popular organizada en el ejercicio del poder la única posibilidad de resistir efectivamente los procesos de enajenación del destino colectivo, propios de políticas neocolonialistas.
De allí que cuando Perón propusiera la bandera de la soberanía política como idea fundante, lo hiciera desde un conocimiento preciso de nuestra situación de dependencia, por un lado, y desde una concepción del poder profundamente democrática por el otro. La soberanía política es en Perón soberanía popular. “El pueblo es protagonista de su historia”, es hacedor, no mero espectador de las decisiones impuestas por grupos minoritarios. En este sentido el peronismo busco siempre promover la organización popular y el fortalecimiento de la conciencia nacional en la tarea de construcción del poder del Estado, en miras a una segunda y definitiva independencia.
El concepto de soberanía política se liga de manera indisoluble con los principios de independencia económica, justicia social y nacionalismo cultural. Estas últimas premisas necesitan, para verificarse, de la existencia de la autodeterminación nacional. Es claro entonces, que nuestra política debe ser la política de la liberación, ya que para el logro de una patria justa en lo social, autónoma en lo económico, sea vital romper los lazos de sujeción impuestos por estructuras de dominación trasnacionales. Esto se expresa en la afirmación de Perón al presentar el “Modelo argentino para el proyecto nacional”: “...liberación tiene muchos significados. En lo político consiste en configurar una nación sustancial, con capacidad suficiente de decisión nacional y no una nación que conserva los atributos formales del poder pero no su esencia.”
Además, Perón, refutando al “nacionalismo sin pueblo”, al decir de Jauretche, insiste en la participación del pueblo organizado en el proceso de liberación.
Vemos que a partir del golpe cívico-militar de 1976, irrumpe un proceso de destrucción paulatina y sistemática del estado, significando en un primer momento el vaciamiento del concepto de soberanía nacional, el cual paso a estar asociado a una prédica nacionalista del tipo elitista que en nombre de la defensa de los valores patrióticos, occidentales y cristianos, excluyó de la praxis y de los procesos de decisión política al único sustento y depositario de una autentica soberanía: el pueblo.
Posteriormente con la “recuperación de la democracia” el proceso de exclusión del pueblo en la toma de decisiones no se revierte y se instala en el consciente de la masa la creencia de que el patriotismo pasaba por honrar las estructuras institucionales de la democracia formal. La recordada predica alfonsinista acerca de que “…con la democracia se come, se educa, se sana…” representaba un intento de legitimar la monopolización de la participación y del principios de representación por las estructuras partidocráticas – demoliberales, en detrimento de las corporaciones y de las organizaciones libres del pueblo.
Ahora bien, lo más nocivo de este proceso lo concretó el menemismo, quien en nombra de la supuesta inexorabilidad del proceso globalizador, desmanteló el estado nacional de modo coetáneo con la eliminación del concepto de soberanía política. Esto significó, claro está, el abandono deliberado de los ideales de independencia económica y justicia social. En ese momento quienes planteaban la necesidad de recuperar la decisión nacional y el poder popular, aparecían como voces nostálgicas de un peronismo ya fenecido.
La implosión en sus aspectos económico-sociales, del modelo impuesto por el Consenso de Washington y el nuevo orden mundial, determinó la emergencia de ese actor decisivo y excluyente en los procesos políticos e históricos: el pueblo, que salió de modo tumultuario a ocupar el espacio mítico en las gestas revolucionarias de nuestra patria: la plaza de mayo.
Las jornadas del 19 y 20 de diciembre así lo testimonian. De este modo resurgen nuevamente las viejas, perennes y gloriosas banderas del peronismo. La militancia logra incorporar en la discusión política términos como soberanía, liberación, imperialismo, etc.
Hoy asistimos a una tenue recuperación del estado nacional. Si bien, el proceso muestra rasgos todavía confusos, resulta alentadora al tendencia a instalar en el centro de la discusión lo referente al proyecto de nación que anhelamos.
Es nuestro deber como militantes, bregar por la revitalización de la conciencia nacional, condición de posibilidad y factor sustancial de la soberanía política, solo realizable plenamente en un marco que integre al resto de los países latinoamericanos, de modo tal de concluir en un espacio autocentrado, expresando el deseo de Bolivar, San Martin y Perón de construcción de Patria Grande.
Mientras la contradicción principal sea Liberación o Dependencia, Perón no habrá muerto.
Independencia económica
(Luis Scah; Sudestada nº13)
En el 30 aniversario de la muerte del General Perón queremos reivindicar la independencia económica, que fue una de las banderas fundamentales del movimiento nacional y popular más trascendente y exitoso de América Latina.
Entendemos que este principio no es un capricho nacionalista ni un prejuicio ideológico (como liberales y supuestos progresistas, por distintos motivos, acusaron al peronismo), sino una política adecuada para construir una sociedad organizada en función del hombre y la satisfacción de sus necesidades. A diferencia de los liberales, quienes creen que la acción del mercado libre y su lógica (llamada mano invisible) llevan al bienestar, el peronismo creyó que este concepto era falso. La historia prueba que la acción del Estado es decisiva para garantizar el funcionamiento del mercado y poner límites a los excesos de los grandes capitales que pueden debilitar al propio sistema, ya que en la economía capitalista central los intereses en juegos no son solidarios sino competitivos y contrapuestos.
En cada país la clase dominante extrae riqueza de los trabajadores y cuando sus recursos económicos lo permiten busca extraer riqueza en otros lugares del mundo. Expande su actividad capitalista en donde otras naciones permitan generar riqueza, parte de la cual será reenviada al lugar de origen del capital (o casa matriz), usando a su favor sus propios estados. Así lo hizo la burguesía inglesa en las Indias tras la ocupación de dicho país por el ejército británico o en la Argentina de Rosas cuando la flota de guerra franco-británica intentó sin éxito forzar la apertura comercial. Este es el objetivo de la inversión extranjera y del llamado imperialismo (política de los estados a favor de sus burguesías), aunque se lo adorne con argumentos, que en la Argentina aceptaron los liberales y los progresistas como Mitre, Alfredo Palacios, Cavallo o Chacho Álvarez, etc., acerca del aporte del capital extranjero en tecnología, capacidad de gestión, generación de negocios y capital. El peronismo no negó esas posibles ventajas, pero no se dejó engañar.
Hoy tenemos en nuestro país un ejemplo que nos muestra claramente cómo funcionan estos mecanismos. El pueblo argentino y sus empresas se quejan de la falta de energía que abastecen las petroleras extranjeras. Ellas producen en nuestro país y sus costos son esencialmente en pesos (los pocos costos que son en dólares no superan en conjunto los cuatro dólares por barril). Entonces surge, lógicamente, la siguiente pregunta: ¿Por qué no invierten y a la vez ganan un cincuenta por ciento en pesos, vendiendo el barril, por ejemplo, en dólares en el mercado argentino?
Ellas responden: porque queremos ser parte de un negocio mundial donde el precio es internacional y las ganancias son en dólares. Si el costo en pesos es más bajo en Argentina es una ventaja de las empresas y no de sus habitantes. Pero este conflicto no se resuelve con argumentos racionales, pues el desarrollo económico de la Argentina y la ganancia de las petroleras extranjeras no son problemas de igual naturaleza: el primero responde al interés colectivo, el otro al privado. En un momento determinado estos intereses chocan.
Nuestro país necesita para salir de la crisis, energía barata con costos en pesos, precio en pesos y ganancia en pesos y de ella sacar inversiones para aumentar la generación de energía. Pero este interés chocó con la extorsión de las petroleras que exigieron una recomposición tarifaria programada a cambio de energía. Ante esto el gobierno resolvió tomando dos medidas, por un lado concedió los aumentos y dolarizó, a lo largo de los próximos años, el precio del gas y la electricidad y por otro anunció lo que se formará una empresa estatal que intervendrá en el mercado para evitar a futuros chantajes exitosos.
De lo dicho se desprende la enseñanza de que no se puede dejar mano del capital extranjero el desarrollo económico de la Argentina. Esto el peronismo lo sabe desde hace unos 60 años, y, por eso, desarrolló una política tendiente a definir qué se produce, cómo, cuánto, a qué precios, cuánto se invierte, qué se compra y se vende al mundo, cómo se distribuye la riqueza. Todo esto (que sus detractores interpretan como “dirigismo” estatal) formó parte central de su doctrina política. Nunca el peronismo pensó, ni practicó, una economía sin inserción mundial, que no vende ni compra fuera de sus fronteras. No negó la necesidad de comprar máquinas o telas en el exterior; solo dijo que si compramos tractores debemos ser capaces de fabricar y vender tractores de otro modelo: si debemos comprar telas de sedas, entonces debemos vender tela de algodón. De esta forma produciríamos lo que necesitamos y compraríamos lo que no es conveniente fabricar. Sin riesgo de no poseer los recursos (divisas para ello), y nuestros trabajadores, técnicos, ingenieros y científicos encontrarían su empleo en la Argentina. Así, nadie nos diría: “O hacen esto o no lo vendemos”, como hacen hoy las petroleras en la Argentina.
Esto no fue solo retórica sino hechos.
El peronismo construyó el gasoducto que comunicó Buenos Aires con Comodoro Rivadavia, con ayuda y materiales en un %50 extranjeros, se desarrolló sustancialmente la industria aeronáutica y se llegó a fabricar uno de los primeros cinco modelos de avión con propulsión a chorro del mundo: el PULKI que se logró exportar a los Países Bajos antes de que la “revolución fusiladora” cerrara sus fábricas. La soja (cultivo poco desarrollado en Occidente), fue traída de EEUU por Jelbard en el tercer gobierno peronista previendo su potencialidad, la industria cultural tuvo un impulso entre 1945-1955 que permitió la exportación de libros y revistas al resto de Latinoamérica. Nos decidimos a fabricar carbón, hierro y acero y se inauguraron o se proyectaron las minas de Rio Turbio HIPASAN, SOMISA, y ALTOS HORNOS ZAPLA, acerías que abastecían el mercado local y exportaban a otros países a la vez que comprábamos aquellos aceros que no era conveniente producir. Esta variedad exportadora y productiva nos permitió insertarnos en el mundo negociando con el capital y no subordinándonos a sus intereses, aprovechando los recursos tecnológicos y financieros del mundo capitalista, que es un mundo de actores privados protegidos por sus Estados. Nos queda por destacar que el peronismo definía sin vergüenzas que la defensa de la soberanía económica no podía estar a cargo exclusivamente de un empresariado nacional, sino del Estado; las causas están descriptas en los libros doctrinarias, en los discursos y en la acción de gobierno.
El peronismo intentó armar una corporación empresaria identificada con su proyecto nacional: la CGE. Esta corporación trabajo en ese sentido pero no logró liderar la mayoría del empresariado. Por otro lado, el capitalismo argentino es débil comparado con las multinacionales, por lo que a cada empresario privado argentino, puede resultarle seductor asomarse a alguna multinacional, aunque al conjunto del capital privado argentino no le conviene en tanto no se apropia del grueso de la renta. Pero ese interés general y de mediano y largo plazo lo encarna el Estado, ya sea en la Argentina, en la Inglaterra victoriana o en la Alemania de Bismark, que unió su Nación y creo su potente burguesía a fuerza de regulación y proteccionismo. Hay una razón más, y es que el capital privado argentino, sigue siendo capitalista y privado, y por ello, orientado al interés particular y la renta inmediata. De ahí que los negocios de largo plazo sean difíciles (en tanto se trata de capitalistas pequeños comparados con las multinacionales) y su realidad privada y competitiva les impida asociarse.
Así es que resulta difícil que los puertos o la flota mercante, o la fabricación de insumos sean encargados por privados argentinos y utilizados con ganancias reducidas en función del interés general. Por eso estas tareas, así como los servicios públicos, son estatales o están calificados por este, acá en Alemania o en Japón.
Estas fueron las líneas generales y la razón del concepto de la independencia económica. Este concepto hoy vuelve a tener relevancia ya que la derrota de características históricas que sufrió el movimiento peronista y su modelo social en 1976 (a causa de las luchas internas más que por defectos de las políticas económicas) dio lugar a un modelo social liberal que imperó en la Argentina hasta el 2001; este modelo se comienza a modificar con la pesificación de la economía argentina, haciéndose posible, nuevamente, retomar la tarea de construir una sociedad peronista, justa, libre y soberana. En ella la soberanía económica se torna necesaria para garantizar el desarrollo y la justicia social. No tengamos miedo de construir el Estado regulador y empresario no solo en proyectos e intenciones sino sobre todo en hechos.
Justicia Social
(Vicente “Tito” Calvano; Sudestada nº13)
Abordar el concepto de Justicia Social implica para los tiempos que corren, pensar en una categoría política. La Justicia Social ha alcanzado el estadio de “categoría”, más allá de su innato valor moral por una larga y abrumadora lucha, imponiéndose a los codazos dentro de un proceso social histórico.
En nuestro país, fue sin duda alguna, el peronismo, como movimiento político de masas, quien la puso en la vanguardia de las realizaciones fundantes de una nueva, y como tal revolucionaria, escala de valores políticos. Fue el peronismo, como su práctica política, quien le dio carácter de realización.
Decimos, por tanto, que es el peronismo quien impone un nuevo paradigma para toda política que pretenda ser validada socialmente en la Argentina.
La historia de la noción de Justicia Social como un valor universal humano, tiene origen inmemorial, pero la noción de Justicia Social como categoría política, es decir, incorporada al listado de las reivindicaciones sociales y necesariamente concebidas para ser impuestas por la política es mucho más reciente.
Es, en definitiva, un triunfo. Un triunfo de los principios axiológicos del entendimiento de lo esencialmente humano, frente al primitivismo asfixiante de los principios individuos-materialistas del capitalismo.
El capitalismo como sistema social histórico de la Modernidad, se sustenta en la cultura ideológica expresada en el liberalismo.
Liberalismo, modernidad y capitalismo pueden ser perfectamente asociados.
Liberalismo y Justicia Social son discursivamente asociados, pero políticamente antagónicos.
En el largo proceso de desarrollo histórico, que data ya de casi cinco siglos, la humanidad solo convivio con la Justicia Social desde una aproximación por la lucha, que en nuestro país fue expresada y puesta en alto durante el peronismo. Esta lucha puede caracterizarse y definirse por los principales opuestos actuantes: los pueblos como productores de justicia social, como espacio donde anida la práctica de lo posible y el capital bajo la lógica del liberalismo, como productor de desigualdades-injusticia social por su inequidad distributiva y por su lógica de acumulación.
Peron lo explico claramente el 1 de mayo de 1952: “para el capitalismo la renta nacional es producto del capital y pertenece ineludiblemente a los capitalistas. El colectivismo (su continuidad ideológica agregamos), cree que la renta nacional es producto del trabajo común y pertenece al Estado, porque el Estado es el propietario total y absoluto del capital y el trabajo. La doctrina peronista sostiene que la renta del país es el producto del trabajo y pertenece por lo tanto a los trabajadores que lo producen.”
Y su complemento el 1 de diciembre de 1945: “La libertad hay que asegurarla a fuerza de trabajo, dando primero al hombre la libertad económica que es fundamental. Nosotros no somos partidarios de la libertad unilateral que se tiene desde hace tiempo, dentro de la cual el rico tiene libertad para hacer todo lo que quiera y el pobre una sola libertad: la de morirse de hambre”
Estos antagonismos ideológicos, ambos evidentes por las prácticas políticas y sus consecuencias combaten en la arena política y se resuelven como tales por la extinción de uno de los factores. La medida que permite mensurar las condiciones en que el proceso se encuentra es la Justicia Social. A través de su extensión o retracción en el campo político y material económico. Su expansión habla de distribución y su retracción de acumulación. Expansión es Justicia Social y retracción es Injusticia Social, desamparo y explotación. El crecimiento exponencial de la desigualdad en nuestro continente, especialmente durante la trágica década de los 90, pone al descubierto el valor de medida que la Justicia Social tiene como categoría política.
“Como se viven tiempos de desbordados imperialismos, decía Perón en su Mensaje en la Asamblea Legislativa del 1 de mayo de 1949, los estados, como Hamlet, ven frente a sí el dilema de ser o no ser”.
Premonitorio, como siempre, en virtud de su capacidad de visualización estratégica, Perón percibía que el imperialismo avanzaría sobre su periferia. Su fuerza de imposición se expresa en la capacidad de extracción del valor de la producción nacional hacia el centro, pero más aún se aprecia por las condiciones en que quedan las naciones de las que se extraen el plusvalor.
Los datos más expresivos están en la relación de ingresos reales de los asalariados y no asalariados con los sectores del capital concentrado y sus grupos dependientes en la distribución interna, de lo que queda “dentro” del producto nacional, y lo que se va por los diferentes canales de expoliación.
La década del 90 alcanzó a establecer una relación de casi 50 veces entre el grupo mas alto y mas bajo.
En los últimos años ha sido aceptado que el sistema capitalista tiene una dialéctica que lo determina Centro-Periferia. En el segundo término de esa dialéctica se encuentran los países pobres eufemísticamente llamados subdesarrollados donde desde la perspectiva del orden económico todo el excedente es captado por el sistema central. Con más exactitud, por la burguesía de los países subdesarrollados, de los que aparecen asociados, como socios menores, los grupos dominantes de las naciones subdesarrolladas, esos que se quedan con la diferencia, mejor dicho con el vuelto.
Toda acción política que se precie de transformadora y revolucionaria deberá verificarse por su capacidad de ir alcanzando, con su acción propiamente dicha, la Justicia Social.
Los peronistas, se ubiquen donde se ubiquen dentro del arco político, podrán validar su condición de tal solo si el objeto de su construcción política es la Justicia Social. Si hay algo que el peronismo “es”, si hay algo que el peronismo “debe ser”, es ser portador potente de la Justicia Social, porque ella es la definición misma de su esencia doctrinaria. Porque el General Perón y Evita se definen por la Justicia Social, no como discurso de lo deseable sino como acto de realizaciones comprobables, como máxima que garantiza la felicidad de los pueblos y la grandeza de las naciones.
Nacionalismo Cultural
(Mariano Cabral; Sudestada nº 13)
Cuando Perón vuelve a la Argentina en 1974, desarrolla una actualización de los fundamentos de su doctrina. De esta manera les asesta un fuerte golpe a los sectores conservadores de adentro del movimiento, que creían que el peronismo era una doctrina estática, proclamada de una vez y para siempre, y a los gorilas que creían que el peronismo se había agotado y que no podía ofrecer nada nuevo al país. Es famoso que en esa actualización (que se dio a conocer en diversos discursos y , fundamentalmente, en el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional) el General Peron toca temas tan poco comunes en aquellos días, y tan vigentes para nosotros, como la preservación del medio ambiente y la lucha de los imperialismos, en el futuro, por los recursos naturales; pero el eje fundamental esta puesto en el proceso de integración planetaria que Peron llamaba mundialización y que hoy se conoce por la palabra de origen inglés globalización. Es en el contexto de este proceso, que el General concebía como inminente e inevitable, que proclama la adopción de una cuarta bandera para el movimiento agregándose a las “tres banderas histórica”. Esa bandera es la del “Nacionalismo Cultural”, que es concebida como la única vía para preservar la identidad de nuestra sociedad “en la etapa universalista que se avecina”.
Como homenaje a su creatividad y aguda percepción de la realidad argentina y mundial, citaremos al productor de las ideas originales, haciendo una breve reseña de los conceptos que Peron expone para justificar la adopción de esta nueva bandera. Para evitar una profusión de comillas que entorpecerían la lectura, hemos dejado los párrafos y expresiones textuales extraidas del Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, señaladas en negritas, mientras que los intercalados nuestros, que dan coherencia expositiva a la selección, se han dejado en letra normal.
Partiendo de que el proceso argentino de las últimas décadas evidencia un creciente desarrollo de la penetración cultural, Perón denuncia que dos han sido los fundamentales agentes desencadenadores de tal penetración: (…) los medios de comunicación masiva y la vocación elitista y extranjerizante de diferentes sectores de la cultura argentina. Los primeros actúan a través de una mecánica de penetración y consecuente mecánica repetitiva diluyendo la capacidad crítica del hombre, quién deja de madurar y se cristaliza en lo que podemos llamar un “hombre-niño”, que nunca colma su apetencia. Vive atiborrado de falsas expectativas que lo conducen a la frustración, al inconformismo y a la agresividad insensata. Pierde progresivamente su autenticidad, porque oscurece o anula su capacidad creativa para convertirse en pasivo fetichista del consumo, en agente y destinatario de una subcultura de valores triviales y verdades aparentes. El segundo, es un factor relevante, tanto entre los intelectuales de izquierda como entre los de derecha, quienes a pesar de enarbolar distintos fundamentos ideológicos (…) se han unido en la actitud expectante y reverente respecto de la “civilización” encarnada por pautas culturales siempre externas a nuestra Patria.
Luego de presentar inconvenientes que se encuentran en el desarrollo de una cultura nacional Perón analiza del siguiente modo cuáles son los elementos que conformaban dicha cultura: En la gestación histórica del hombre argentino confluyen distintas raíces, la europea, por un lado, y los diferentes grupos étnicos americanos, por el otro. Esto es trivial, por lo evidente, pero no son tan claras sus consecuencias.
Creo haberme referido con la suficiente extensión a la indudable especificidad del hombre argentino, que no consiste en una síntesis opaca sino en una nítida identidad, que resulta de su peculiar situación histórica y su adherencia al destino de su tierra. ¿Sucede lo mismo con su cultura? ¿O acaso la herencia europea ha sellado, definitivamente, la cultura argentina?
La cultura académica ha avanzado por sendas no claras. A la mencionada influencia de las grandes potencias debemos agregar el aporte poderoso de la herencia cultural europea. No tiene sentido negar este aporte en la gestación de nuestra cultura, pero tampoco tiene sentido cristalizarse en él.
La historia grande de Latinoamérica, de la que formamos parte, exige a los argentinos que vuelvan ya los ojos a su patria, que dejen de solicitar servilmente la aprobación del europeo cada vez que se crea una obra de arte o se concibe una teoría. La prudencia debe guiar a nuestra cultura en este caso; se trata de guardar una inteligente distancia respecto de los dos extremos peligrosos en lo que se refiere a la conexión con la cultura europea: caer en un europeísmo libresco o en un chauvinismo ingenuo que elimina “por decreto” todo lo que venga de Europa en el terreno cultural.
Finalmente, señala tres instrumentos poderosos como los más adecuaos para desarrollar la tarea de elaboración de la cultura nacional. Estos son: los medios masivos, la educación en todos sus niveles y creatividad inmanente del pueblo. Sobre los medios masivos de comunicación, Perón aclara que deberá, en primer término modificarse su carácter fundamentalmente comercial y reorientarlos hacia la formación y la solidaridad social. Respecto de la creatividad popular, reclama que pueblo debe ser escuchado con humildad, antes que intentar imponerle contenido que el no reconoce como constitutivos de su ser y enraizados en la estructura ínfima de su extensa Patria, grávida de futuro.
La educación merece una extensión mayor: a la educación primaria le asigna el rol de eliminar el analfabetismo y de sentar las bases elementales de la formación física, psíquica y espiritual del niño; a la educación media le asigna la fundamental tarea de fortalecer la conciencia nacional, y es en el tema de la educación superior donde se extiende mayormente y concluye diciendo: no puede concebirse a la universidad como separada de la comunidad, y es inadmisible que proponga fines ajenos o contrarios a los que asume la Nación. No puede configurarse como una isla dentro la comunidad, como fuente de interminables discusiones librescas.
No necesitamos teorizadores abstractos que confundan a un paisano argentino con un “mujik”, sino intelectuales argentinos al servicio de la Reconstrucción y Liberación de su Patria. Pero por otra parte, el universitario que el país requiere debe tener una muy sólida formación académica, pues no basta utilizar la palabra “imperialismo” o “liberación” para instalarse en el nivel de exigencia intelectual que el camino de consolidación de la Argentina del futuro precisa.
Es por eso que convoco a los jóvenes universitarios a capacitarse seriamente para sumarse cada vez más a la lucha por la constitución de una cultura nacional, instrumento fundamental para completar nuestra definitiva autonomía y grandeza como Nación.
Integración Suramericana:
(Tomas Richards Galindez)
El 11 de noviembre de 1953 en la Escuela de Guerra Perón trazó los ejes de la política exterior justicialista en vistas a posicionar a la Argentina en un nuevo mundo superpoblado y superindustrializado en el cual las reservas de alimentos y reservas de materias primas adquirían vital importancia. Suramérica, como región privilegiada en esta materia, contaba además con la ventaja inicial de ser un continente unificado por una misma lengua y una misma tradición religiosa y cultural. A la vez, la abundancia de recursos de la región constituía con toda evidencia una amenaza frente a las potencias ávidas de recursos. De ahí que en el pensamiento peronista la única actitud posible para asegurar la justicia social, la soberanía política y la independencia económica en nuestro continente fuese la unión continental. Surge entonces el apotegma “unidos o dominados” y el proyecto del ABC como alternativa político-económica para Suramérica. Desde la década del ´50 del siglo XX Perón, con su clarividencia característica, lanza su proyecto geoestratégico casi en soledad y empieza a hablar de la superación de los estados nación tal como se los conocía hasta entonces en aras de la aparición de los estados continentales. Quizá más que nunca, hoy ese proyecto aparece como una necesidad imperiosa que no es posible seguir postergando.
SEGUNDA PARTE: MEGAFÓN COMO FRENTE UNIVERSITARIO
Megafón, por una Universidad realmente Nacional
“El Desierto ya estaba derrotado. Lo que seguía firme aquí era una potencialidad vacante.
Un escenario vacío es una petición de Historia” (Megafón o la guerra – Leopoldo Marechal)
Megafón, es el Frente Universitario del Peronismo Militante, Organización Nacional que viene a ocupar el escenario vacío y a responder a la petición de Historia. Ésta no es ni más ni menos que cumplir nuestro mandato generacional: formarnos como profesionales e intelectuales comprometidos con la realidad nacional, para poder responder a las necesidades de nuestro pueblo.
La Universidad en general, y la UBA en particular, tienen mucho que ver con esa potencialidad vacante de la que nos habla Marechal. Si bien su historia tiene una enorme tradición de luchas que han sabido “derrotar desiertos” como la reforma del 18, llevada adelante por un grupo de jóvenes con espíritu latinoamericano, que logró plasmar sus reivindicaciones en los primeros estatutos, o la supresión de aranceles hecha por Perón en el 49 (hechos que marcaron sin dudas el acercamiento de los sectores populares a los claustros universitarios históricamente vedados/negados) lo cierto es que hoy en día sigue siendo un reducto elitista que se sostiene cada vez mas sobre la estructura liberal – aislacionista que le imprimieron sus creadores, en los lejanos inicios del siglo 19.
Y esto no se debe sólo a las dificultades económicas de la sociedad para acceder a la universidad (a pesar de los grandes avances en los últimos 9 años, rasgo estructural) sino al rol que cumple en la sociedad. Es decir, la producción de conocimientos, deberían servir al pueblo entero, ya que a través de su trabajo y sacrificio financia sus gastos. Pero como cualquiera puede advertir, en la actualidad esto no pasa, y nosotros tenemos una explicación.
Somos un país semi-colonial, es decir, formalmente independiente, que a falta de un ejercito extranjero de ocupación, la dominación solo puede funcionar si existe un aparato ideológico que se ocupe de convencer a los nativos que el orden social y político en el que vivimos no es opresor. En nuestro país, el imperialismo, en alianza con la oligarquía local, para legitimar su dominación usó el lema “civilización o barbarie”. Como explica el maestro Jauretche, “todo hecho cultural propio, era bárbaro e indeseable y todo lo ajeno, importado, era civilizado. Civilizar, consistió en desnacionalizar”. Para la elite intelectual “lo propio del país, su realidad, está excluida de su visión. No parte de las circunstancias locales, que las excluye por bárbaras, y excluyéndolas, excluye la realidad”. De ahí se entiende el lema popular “alpargatas si, libros no” que se opone al oligárquico, porque “suele suceder que los que andan con libros no entienden los intereses del país, y solo los entienden los que leen alpargatas y no libros. Estos saben poco, pero tienen la ventaja de no saber lo que enseñan los colonizadores.”
La universidad forma parte de ese entramado, que junto con otras instituciones, son instrumentos que garantizan la colonización pedagógica. Y quizás sea el principal resorte de control, al deformar la consciencia de nuestros intelectuales y evitar que pensemos para la solución de nuestros propios problemas.
En este escenario, nosotros vemos en el desarrollo de una consciencia nacional, una parte necesaria y fundamental para continuar la batalla anti- imperialista que comenzaron nuestros patriotas alla por 1810.
Y como peronistas y militantes que somos, sabemos que solo va a ser posible doblegar al enemigo, si recogemos las experiencias de lucha de nuestro pueblo y las profundizamos.
Uno de los legados más ricos de la militancia universitaria, es el de los compañeros de la FURN (Federación Universitaria por la Revolución Nacional) que allá por los `60 planteaban que “no hay universidad nacional en un país colonizado”. Estos jóvenes platenses, eran los “bombos nuevos del peronismo” que abrían un frente de batalla en un lugar desconocido para el peronismo: la universidad.
Cultores de un férreo pensamiento nacional, su experiencia sirvió de disparador de aquel fenómeno de “nacionalización” de las clases medias, que fue forjando una mirada nacional, y empezó a comprometerse con la lucha de los sectores populares. El cambio era inevitable, y todo este proceso desembocó en la irrupción masiva de una “juventud maravillosa” al terreno político. La Juventud Peronista se ponía al frente de la batalla para lograr aquello por lo que el pueblo argentino había luchado 18 largos años: el retorno al país de su líder, el general Perón, y la democracia, libre de proscripciones.
Fue en esos años donde se lograron los mas altos niveles de organización y poder popular, y se pudo alterar la estructura de dominación colonial. La UBA no fue ajena, su nuevo rector, Rodolfo Puiggrós (quien la rebautizó como Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires) que en su corta pero intensa gestión logro numerosos avances, sostenía que “se terminó eso de la universidad libre pero a espaldas del Pueblo. No habrá revolución tecnológica sin revolución cultural”.
Después, con la dictadura cívico-militar, vino la pagina más trágica de nuestra historia nacional, donde se desarticuló todo intento de organización popular e hizo que aun hoy, 36 años mas tarde, estemos sufriendo las consecuencias de aquella masacre.
Sin embargo la militancia popular volvió a florecer, con la aparición de Néstor en el 2003, cuando nos prometió que no iba a dejar las convicciones en la puerta de la rosada, y tras levantar las banderas históricas del Movimiento de Liberación Nacional, marcó el rumbo para la reorganización del campo nacional y popular.
Hoy Cristina ratifica ese rumbo y hace más evidente aún la tarea que tenemos por delante. Para poder seguir sosteniendo el proyecto nacional, popular y democrático en marcha, y sobre todo para poder profundizarlo, es necesario que cada uno de los compatriotas se organice en sus espacios de base, sea una fábrica, un barrio, el sindicato, una escuela o la universidad.
A nosotros nos toca trabajar para la unidad nacional en este lugar, donde se da la disputa por la producción de conocimientos. Y nosotros queremos “pensar en nacional”, poner la universidad al servicio de los intereses y las necesidades del Pueblo Argentino. Por eso decimos alpargatas si, y libros también.
“Ya no basta con meter el país en la universidad, sino que se debe ubicar la universidad en el país” (Manifiesto de la FURN)
MEGAFÓN, UN FRENTE CON HISTORIA
Formamos parte del frente universitario Megafón, y como militantes estudiantiles nos proponemos repensar los sentidos de la universidad pública, de modo tal que deje de ser una isla aislada y que comience a ser partícipe del frente popular que lleva las riendas del Proceso de Liberación Nacional. Repensar una Universidad que sea capaz de abrirle las puertas, de servirle, de serle útil a los sectores populares, que día a día sustentan con sus ingresos nuestros estudios y sabemos que son los menos en nuestras aulas.
Y en este sentido, es que cuando pensamos en qué modelo de universidad queremos nos es inevitable remitirnos al Peronismo. No es casual la nostalgia academicista con que se mira la reforma universitaria del 18, que aunque revolucionaria en su época y de la cual abrazamos el espíritu latinoamericano que hoy nos legó, siguió en su esencia manteniendo una universidad liberal y oligárquica, dado que la democratización que los estudiantes de las clases más acomodadas propugnaban estaba relacionado con la modernización de las ciencias en los planes de estudio y las formas de gobierno, pero no y en ninguna medida, se cuestionaba la falta de ingreso de las clases populares a la universidad. Incluso, cabe destacar, que es falsa la participación de obreros apoyando la lucha estudiantil en el 18, como si se ha llevado en el Cordobazo, nuevamente en Córdoba, donde la consigna era ¡¡obreros y estudiantes, unidos y adelante!!. Nuestro país ya no era el del 18. Estaba atravesado por la proscripción, el miedo y melancolía, pero también estaba marcado por Perón, por Eva, por los intelectuales de Forja, por una Central de Obreros Organizados, que habían logrado subjetivarnos de derechos.
Fue el peronismo quién en la historia de nuestra universidad, lleva a cabo una verdadera revolución que posiciona a la educación superior en un punto máximo de popularización y democratización. Democratización supuestamente cuestionada por ciertos académicos y reformistas, dado a la reducción de autonomía y autarquía, esto es a la posibilidad de la universidad de dictar sus propias normas y autofinanciarse, lo que la constituye una isla con sus propias leyes que no necesariamente se entiende con la realidad del país del que forma parte. Sin embargo, la real democratización de la universidad, la lleva adelante el Peronismo, mediante el ingreso irrestricto del pueblo a la Universidad, a fin de formar los trabajadores, profesionales e intelectuales que el país necesitaba para llevar adelante la liberación nacional que Perón estaba forjando. El decreto de gratuidad de las universidades, la creación de la Universidad Nacional Obrera, hoy UTN, destinada a formar obreros vinculados con los intereses industriales nacionales, cuya formación no era utilitaria o procedimental sino que esto era complementado con la historia sindical, a fin de formar obreros íntegros; La UON además formaba sus docentes. Durante el peronismo, tuvimos un Estado Presente, un Estado Docente y Garante de la educación; Incluso de la Educación Superior. Los reformistas se oponían a la revolución que planteaba el peronismo, consideraban que en la Universidad ahora entraría “cualquiera” dando por sentando que antes del Peronismo había ciertas reglas, que el Peronismo vino a corromper, a denunciar, posicionando como oficiales los saberes y los valores propios del trabajador, del cabecita negra.
Sin embargo, los años que vinieron después no le fueron fáciles a la Sociedad, y tampoco a la vida académica. Los sectores más reaccionarios atacaron nuestra universidad, cuna de intelectuales, a través de rectores interventores, con cierta nostalgia reformista. Fue a los inicios de esos años oscuro de nuestra historia, cuando se aprobó la titulación por parte de las universidades privadas. Utilizaron la represión, detuvieron y desaparecieron compañeros universitarios comprometidos con un país más justo. También provocaron el exilio, vaciaron al país de intelectuales, conocido comúnmente como la “fuga de cerebros”. Científicos e intelectuales que hoy nuevamente están en el país, porque el peronismo los ha repatriado para que contribuir al desarrollo científico, y económico. Como también este gobierno ha creado nuevas universidades en el conurbano, dándole otra vuelta de tuerca, a ese acceso irrestricto que propuso Perón, dado que el hecho de que haya universidades nacionales en el conurbano y en las provincias, contribuye a que jóvenes y adultos que anteriormente no tenían entre sus opciones estudiar, por lejanía, por trabajo, por falta de promoción, puedan continuar sus estudios universitarios.
Otro punto que como militantes universitarios nos compete repensar es el rol de la extensión universitaria, también legada de los jóvenes que participaron de la Reforma del 18. Entre las formas de articular sociedad y universidad, actualmente, como nuestra presidenta coraje, Cristina es brillante y siempre está un paso adelante, tenemos desde Nación la posibilidad de participar de proyectos de voluntariados, financiados por Educación de Nación y tutoriados por profesores, donde los estudiantes nos comprometemos con resignificar los contenidos académicos en el barrio, como también nos comprometemos a aprender a escuchar las necesidades del barrio, porque entendemos que no es un proceso lineal, y que en ese ida y vuelta entre estudiantes y vecinos, ambos somos modificados y enriquecidos. Más allá de los voluntariados que desde Megafón trabajamos, sostenemos la necesidad de vincular sociedad y universidad, para romper con todos los vestigios que quedan de esa idea de universidad como isla aislada.
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